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Gatos tristes

Ordenar archivos me calma, me distrae. Encuentro copias dobles de libros de Soriano. Ese muchacho me ha gustado en todas mis épocas. Vuelvo a leer con gusto la historia del Mono Gatica, o el comienzo de Triste, solitario y final. Recuerdo haber llorado con las vicisitudes del Gordo y el Flaco. Entonces, digamos veinticinco años atrás, yo era más pelotudo. Hoy soy más inconmovible, o racional, y disfruto sus construcciones narrativas con la parsimonia de un monje zen medio alcohólico. Llego a un capítulo donde habla de gatos. No he sido muy amigo de estos bichos, pero he tenido que transar con Ultrabook, el gato negro de rostro blanco y bigote hitleriano que llega cada tres o cuatro días a ver si hay algo para echarle al buche. Suele ocurrir en las tardes, cuando estoy en el corredor de los barriles leyendo o escribiendo. Se asoma desde las enredaderas del jardín, quizá proveniente de algún mágico pasadizo miyazakiano. Se enrosca en mi pierna, me mira y me dice mau, mau. Lo cual quiere decir, ¿no tendrías por ahí unas galletitas de perro al menos? Entonces me dirijo a la cocina a ver qué le encuentro. A veces le robo leche, restitos de guisado, pancito amasado, una salchicha o comida de Fellini, el minino oficial que deambula muy engreído por la extensa casa. Ultrabook se llamó así por ser muy flaco, casi una ilusión gatuna, y eso que solía comer, de lo robado y de lo que cazaba en los potreros. Junto al finado Michifuzen conformaron una exitosa dupla de desarrapados superhéroes que mantuvo alejadas a las ratas durante años. Pero Michifuzen sufrió una especie de envenenamiento (algo comió por ahí) y se fue al cielo de los gatos. Al parecer, Ultrabook se sintió muy solo y descuidó sus relevantes obligaciones. Dormitaba todo el día en un viejo tronco de encino y en las noches se iba de farra a lupanares de gatos tristes. Las ratas (las literales, no las políticas), siempre muy atentas al devenir humano, a sus flancos desguarnecidos, no tardaron en regresar con maletas y petacas armando ruidosos festines nocturnos en el entretecho.

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