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Regresa el marxismo

Antonio Gala, el célebre escritor español, afirmó hace pocos días que España estaba gobernada por un grupo de gilipollas que habían actuado de la peor manera parchando hoyos bancarios con el dinero de los trabajadores españoles. Y eso, ante los ojos de los ciudadanos que nada habían hecho para provocar la crisis, era una abierta declaración de guerra.

El escritor uruguayo, Eduardo Galeano, manifestó una desazón similar respecto a la política de pantalones abajo llevada adelante por la mayoría de los gobiernos actuales. 


Más que implementar políticas particulares y necesarias para cada región, sólo se están acatando directrices generalistas emanadas de organismos como el FMI o Goldman Sachs.

El desastre griego y español ha dejado en claro que esta obediencia ciega no garantiza ninguna mejoría en la condición de vida de los grandes grupos humanos, y que sólo sirve para acorazar bancos y entes financieros. La única medida clara que han tomado los gobiernos aproblemados en los últimos meses ha sido fortalecer sus policías antidisturbios.

Hace más de un siglo y medio que Marx investigó las contradicciones internas de los regímenes basados en la propiedad privada de los medios de producción y en el trabajo asalariado. Sin embargo, en gran parte de Occidente todas esas clarificantes reflexiones han sido desde entonces públicamente desdeñadas y sus portadores hasta asesinados por quienes precisamente salían peor parados en esas investigaciones: los grupos capitalistas.

Lo usual, hasta hace muy pocos años, era que las teorías maxistas fuesen invisibilizadas, y en su lugar una troupe de gurúes vagos del capitalismo anduviesen por el mundo vendiendo su versión edulcorada y exitista de un sistema perverso, que en cualquier reflexión histórica seria, sólo podría calificarse como esclavista.

Si hemos de atribuírle una contribución objetiva al predominio capitalista de las últimas décadas, es que nunca en la historia se acrecentó tanto la desigualdad social. No hay indicios de que alguna vez un pequeño grupo se apropiara de todo lo existente y redujera al resto a una condición precaria y servil.

El premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, manifestó hace poco que "el consenso de Washington (la receta que incluía privatizaciones, apertura externa y desregulación generalizada) no funcionó ni siquiera en Washington".

Slavoj Zizek, un filósofo esloveno neomarxista, ha reiterado que los consensos políticos en torno a las políticas económicas son una farsa de circo cruel que siempre favorecerá a los grupos económicos empoderados. Los intereses en juego son simplemente antagónicos. No son posibles las medianías. O son los unos o son los otros.

El problema es que ni siquiera es posible anteponer el sistema chino para contradecir al capitalismo, por cuanto el partido único chino priorizó una oportunista voltereta hacia el capitalismo salvaje con tal seguir aferrado al poder. Hoy, su perpetuación como gobierno depende exclusivamente del férreo control que sigan haciendo del ejército chino. Pero el comunismo marxista propiamente tal, no llegó a asomar ni la nariz por la muralla china.

No podemos dejar de considerar que quizá las formas de asociación igualitaria entre los seres humanos son sencillamente inviables, imposibles, por cuánto la condición humana, muy proclive al egoísmo, se desenvuelve mejor en sociedades injustas como las que genera el capitalismo. Recuerdo que Philip Roth puso en boca de un sargento veterano esta teoría, en su novela Me casé con un comunista

Por otro lado, en cada forma de gobierno que ha existido durante el último siglo, sea considerado socialdemócrata, socialista, demócrata liberal, demócrata cristiano, popular democrático o la cacha de la espada, siempre los grupos adheridos al poder se han oligarquizado, pasando a conformar nuevas castas privilegiadas (recreando una forma de mundo capitalista puertas adentro)

Hoy vemos que las formas de populismo con que los grupos políticos intentan acceder al poder o conservarlo, están mutando, reajustándose a las demandas callejeras, ofreciendo sonrisas de apaciguamiento, porque los desbordes sociales se acrecientan, los enrostres de los ciudadanos indignados hacia la inoperancia política y la dictadura mundial de la banca, están saliéndose de control. Los gobiernos, al menos hasta este agosto tardío del 2012, siguen con el culo a dos manos sin saber qué rumbo tomar.

2 comentarios :

  1. Qué buen artículo!!
    Saludos y fraternales abrazos con toda mi admiración!

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  2. Un fraternal abrazo para usted, Alejandra. En cualquier análisis serio no puede estar ausente el método marxista.

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