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Espíritu contra espíritu


La ola polar me atacó con fuerza, como un joven ciprés botado de raíz con un soplo de escarcha. Hoy soy solo una mente en formol, al estilo Futurama. Explotar sería suicida y está fuera de mis protocolos de perduración. Quiero avanzar en La marcha Radetzky. Lo empezamos ayer tarde, mientras el viento de junio barría las últimas hojas de encino. Trotta no es distinto a los otros personajes de Joseph Roth. Vive en un mundo hostil, que muta a cada instante, que desconoce: "Sentíase como condenado de por vida a avanzar sobre un suelo resbaladizo metido en unas botas que no eran las suyas, perseguido por el secreteo de los demás y siempre recibido con recelo. Su abuelo había sido un aldeano con poca tierra, y su padre, suboficial de cuentas y más tarde gendarme en los territorios fronterizos del sur del reino. Desde que había perdido un ojo en un enfrentamiento con contrabandistas bosnios vivía como inválido del ejército y guardián del parque del palacio de Laxenburg, daba de comer a los cisnes, recortaba los setos, en primavera protegía los codesos de los ladrones, más tarde los saúcos, y en las noches tibias ahuyentaba a los enamorados, que no tenían dónde ir, de los oscuros y acogedores bancos". 

Me levanto a darle de comer a los perros. Se muestran tan alegres como hambrientos. El frío los consume, los enflaquece, les agota las baterías con que le ladran a las sombras.


Tuesto un pan en la cocinilla. No tengo hambre. Lorena lo toma para ella. Calienta una leche. Le agrega café. Sube mi fiebre y mi ansiedad por tener tantos libros inéditos. El tiempo pasa y nada se resuelve. Pero a un escritor no le corresponde publicar sus libros. Basta con que los escriba. Creo que fueron palabras de Borges. Lo leí anoche, en v0z alta, con la chimenea a full. La madrugada fue un manto de niebla espesa, ventanales humedecidos y ciruelos desnudos como espantacucos en disolución. Se trataba del prólogo de una antología de cuentos de 1933. Borges imponía a Chesterton en primera fila. Cuento policial sobre un asesinato sin motivo económico aparente, con espejos distractores y sombras de pavos reales. Una cena con distinguidos comensales curtidos en el arte de eludir responsabilidades. Se nos acabó la leña y nos quedamos a medio camino, sin saber la solución del entuerto. 

No encuentro el archivo de Chesterton. Tengo el computador equivocado. Nuevamente viento polar. Estrellas fulgurantes. Camionetas raudas. Hierve la tetera negra. Mate gastado. Mi holograma en la ventana. Espíritu contra espíritu. Ramajes que golpean el techo. Fiebre  en ascenso. Delirio joyceano, archivos sin nombres, Calvert Casey por accidente:"Pensé en los inmensos osarios del mundo que se convierten en polvo que el aire dispersa y nosotros respiramos, y pensé en el 4 de mayo de 1894 y en un día del 328 a.C. y en todos los millones de seres humanos que vivían en ese momento y hacían el amor y desfloraban vírgenes y apuñalaban a un hermano y se masturbaban y comían miel y se iban a guerras, y de cuyas vidas no queda nada, nada, nada..." 

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