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No te vayas

Me afecta ver marcharse a las aves. Recuerdo que a Tony Soprano le provocó un ataque de pánico en el primer capítulo. Pero lo mío viene de pequeño. Creo que tiene que ver con las personas cercanas que se marchaban, o con los familiares que debían buscar su destino en otra parte. Era algo muy triste, porque el vacío que dejaban era imposible de volver a llenar. Como el día que se fue mi tío Carlos, hermano menor de mi madre. Ese último abrazo fue tan cálido y sentido como un sol de mediodía. Luego, a los pocos días, su lancha patrullera se volcó en el Canal del Beagle y mi querido tío murió congelado. 

Mi casa campestre solía ser un lugar de tránsito, especie de posada gratuita para los turistas, parientes y vagabundos de mi región. Pero nosotros, mis hermanos y yo, nos quedábamos siempre allí, en el mismo lugar, contemplando esa carretera celestial de aves que se detenían a comer nuestras cerezas o fraternizando con los chivos pequeños a quienes poníamos nombre un poco antes de que se los llevaran al matadero. 

Era difícil encariñarse con alguien, con algo, con un insecto siquiera, porque todos se irían al primer pestañeo. 

Hoy las aves salvajes descienden a refrescarse en la otra orilla del río y el chapoteo de sus patas al marcharse apenas se escucha.

4 comentarios :

  1. Completamente entendible esa sensación descrita en tus líneas, amigo. De hecho, por momentos me pareció que fuese la descripción de una sensación universal, como si todo fuese tránsito, nada permanente. Escenarios de cartón piedra que avisan que lo bueno y malo pasaran y más atrás... solo la muerte.

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  2. A lo largo de mi vida he intentado practicar un desapego feroz y obstinado basado en mi forma de querer que no tiene medidas ni reparos. Te quiero demasiado, suelo decir sin exagerar cuando el sentimiento creció y se tornó irrenunciable, es ahí cuando soy consciente del fracaso total para aplicar el desapego afectivo. Una vez que el querer está enraizado en mi mente deambulan pensamientos que manifiestan un temor constante al abandono. No te vayas, no me dejes, no me abandones que yo necesito saber de vos, suelo repetirme mentalmente. Sin embargo, la vida me enseñó a que contra eso no se puede.. se quiere inevitablemente, hay miedo y hay partidas que hay que sobrellevar sacando fuerzas de la nada.

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  3. Me encanta leer y leerte, me encanta sentir que tocan mi corazón y describen muchas veces lo que soy y lo que siento. Entonces me digo a mi misma... Vaya no soy la única sentimental, la que absorbe el amor y lo convierte en oxígeno, no soy la única que siente como propias las vivencias, las alegrías, las penas ajenas. No soy la única a quien le duelen las separaciones y se angustia con las despedidas. Y me gusta ser así... me gusta amar así a todo el mundo... es señal que estoy viva y que el mundo no me ha contaminado. Abrazos de luz y amor Jorge. Eres extraordinario, amigo!

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  4. Las personas siempre se van, siempre tienen una razón de peso para irse, pero siempre duele.

    Solo queda mirar hacia adelante y pensar que las cosas pasan por algo, total, el cariño se mantiene siempre.

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Cuadernos de la Ira de Jorge Muzam is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.