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Lectura del santo evangelio según Muzam

He intentado elaborar estrategias discriminatorias para que mi tiempo lector sea lo más provechoso posible.  Es decir, ya asumí que no leeré más que a un reducido número de autores. De los veinte mil libros que mantengo en mi archivo virtual creo que no alcanzaré a leer íntegramente más de doscientos. Esto no quiere decir que no consultaré al menos a un par de miles.

A las buenas obras, a los grandes autores, suelo llegar por la recomendación de otros grandes autores. Por ejemplo, Vargas Llosa recomienda a Doris Lessing. Amelie Nothomb recomienda a Diderot. Mishima dejó muy bien recomendado a Kenzaburo Oé. Por mi parte solía recomendar a Stephen Crane y Bashevis Singer. Hoy agrego a Claudio Ferrufino-Coqueugniot, Miguel Sánchez-Ostiz y Pablo Cingolani. Y entre mis compatriotas, a Claudio Rodríguez.

Hay libros que puedo leer en cinco minutos. No sé cómo aprendí esa técnica. Basta una estrofa para augurar precarios resultados. La prosa no conmueve de entrada, no sorprende, no atrapa, no representa una voz original, no tiene médula, entonces sólo reviso su argumento. Es fácil, aunque habitualmente son cinco minutos perdidos en esta valiosa vida.

Anoche me di un festín bajando La mala memoria de Heberto Padilla y La fórmula preferida del profesor de Yoko Ogawa. Ambas me acompañarán en mis siguientes noches. Las memorias y las matemáticas me hacen alucinar. Aunque primero debiera concluir Hammerstein de Enzensberger, Una soledad demasiado ruidosa de Bohumil Hrabal y The Collected Poems de Raymond Carver. En realidad no sé cuánto tardaré. Los imprevistos de la vida cotidiana conspiran como gremlins vengativos.

Hoy leí varios poemas de Enzensberger. Todos me gustaron, o más bien me inquietaron. Dejo a continuación uno que golpeó con particular fiereza mi mentón complaciente:

Blues de la clase media (Middle class blues)

No podemos quejarnos.
No hemos sido despedidos del trabajo.
No pasamos hambre.
Nosotros comemos.

Crece la hierba,
el producto social,
las uñas,
el pasado.

Las calles están vacías.
Los cierres son perfectos.
Las sirenas callan.
Todo eso pasará.

Los muertos han hecho su testamento.
La lluvia se ha transformado en llovizna.
La guerra aún no ha sido declarada.
Eso no corre prisa.

Comemos la hierba,
comemos del producto social,
comemos las uñas,
comemos el pasado.

Nada tenemos que ocultar,
nada tenemos que perder,
no tenemos nada que decir.
Lo hemos hecho.

El reloj se ha estropeado.
Las cuentas han sido pagadas
La colada ya está terminada.
El último autobús que pasa
está vacío.

No podemos quejarnos

¿Qué estamos esperando, pues?

3 comentarios :

  1. Me haré una lista de libros para que comparta conmigo su tesoro, sé que no me lo negará! Es ud generosisimo con sus amigos y yo me considero una.
    Besitos

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  2. Me gusta su secretaria, digale que me alcance el libro que está allá arriba ;)
    Beijos!!!!!

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  3. Me gusta el título Cuadernos de la Ira, todos tenemos una ira por dentro que nos alimenta aunque queramos tener paz interior.

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Cuadernos de la Ira de Jorge Muzam is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.