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Cinco minutos antes que oscurezca

Cada jueves a las siete de la tarde debo asistir a la reunión de profesores del colegio donde trabajo. Sentado en un salón frío y sin cortinas espero junto a mis silenciosos y hastiados colegas a que los dueños del colegio den por iniciada la sesión. Hinojosa, el otro profesor de historia, se sienta a mi lado. Es un buen tipo, aunque un completo vago. Sabe demasiado sobre muchas cosas pero hace rato que se desengañó de la vida y lo que menos le interesa en el mundo es que los muchachos aprendan algo de su especialidad. Al igual que yo, piensa que la historia y la educación cívica es sólo manipulación, mentira, amansamiento, por eso rellena las horas contando chistes, dando consejos y haciendo sopitas de letras. Los alumnos le apodaron el tío Sopita.
A mi izquierda se sienta la profesora de matemáticas, una neurótica cuarentona que exhibe los elásticos de su colaless rojo sobre la cadera. No es fea pero es peligrosa pues está medio loca. Habla todo el día pestes de su esposo y cuando éste la llama cambia el tono y le jura mil amores. Los profesores y alumnos saben que es delatora y rencorosa, por eso la evitan en la medida de lo posible. Cuando se bebe un par de copas con nosotros se cura de inmediato, se pone cargosa y nos mira con cara de sicópata sexual. Un poco más allá se sienta la profesora de inglés. Es bella y pequeñita. Me gustaba hasta que la vi ligar con el profesor de música que es un caradura que le toma fotos a escondidas a las entrepiernas de las alumnas. Es un pelmazo y una bomba fétida ambulante pues tiene el hocico podrido. La profesora de lenguaje se sienta al frente. Es una persona interesante pero algo hermética. Es difícil saber lo que piensa. Es maciza y muy atractiva. Los alumnos dicen que es lesbiana. Me mira con cara extraña como si yo fuese un alma atormentada, aunque nunca hemos podido entablar una conversación. Una química dispersa se interpone entre nosotros. Los auxiliares permanecen de pie en los costados. Uno es Marchesi, un holgazán medio rubio que se pasa las horas barriendo en cámara lenta y con el que me arranco hasta un patio interior a fumar cigarros. Es amigable y me hace reír. Tiene hijos y las demandas por manutención lo tienen hasta el cuello. El otro auxiliar es el Ché, un argentino alcohólico que no habla nada. La otra auxiliar es la Rosalía, una gorda histérica que grita todo el día y le hace demostraciones de bailes eróticos a los alumnos. Fue empleda doméstica en Suiza e Israel y sabe hablar hebreo. Es generosa y no es soplona pero es difícil no impacientarse con su bullicio encima de las orejas. La última auxiliar es la Carolein, una mujer limítrofe que tiene cara de Síndrome de Down. Es muy pícara y graciosa y cada vez que se encuentra a solas conmigo me canta el happy birthday to you, tal como se lo cantaba Marilyn Monroe al presidente Kennedy. Le gusta contar las escabrosas escaramuzas sexuales que protagoniza con sus amantes y dice estar de novia con un ingeniero que trabaja en la isla Juan Fernández y que la vendrá a buscar en cualquier momento. Nos ha invitado a su casamiento, aunque no sabe cuándo ni dónde será. De todos modos, nadie le cree esa historia.

En el estrado se sienta la directora, el sostenedor financiero, la jefa pedagógica y la inspectora general. Con los lentes puestos a media nariz observan con gran afectación enormes legajos de documentos que parecen contener valiosa información. La directora comienza con un saludo desabrido a los concurrentes y procede a enumerar el conjunto de sinsabores académicos y administrativos de la semana. Usualmente no son buenas noticias. El colegio suele perder en todos los ámbitos. Es último en las pruebas provinciales que miden el avance del aprendizaje por nivel, es último en las competencias deportivas, es último en infraestructura y es último en prestigio comunitario. No obstante, ostenta el récord de embarazos adolescentes y recambio de profesores. Es además primerísimo en enfrentar demandas laborales de ex empleados y denuncias a la contraloría por mal uso de fondos públicos. Aún así sobrevive con una cantidad de alumnos que no disminuye de los quinientos. Eso basta para recibir una cuantiosa subvención del Estado que se esfuma de la cuenta corriente del sostenedor apenas es depositada. Nada de eso le llega a los alumnos que son en su mayoría unas miserables hambrientos hijos de padres ausentes, desempleados o encarcelados. La directora muestra una información bajada de internet sobre convivencia escolar. Nos pide que reflexionemos en ello. El profesor de educación física, un tipo honesto y bienintencionado explaya su opinión al respecto. Pide invertir más en infraestructura e implementos deportivos, en pagar los pasajes para que las selecciones del colegio vayan a competencias más relevantes y se ofrece personalmente para desarrollar un nuevo trabajo de asistencia con los alumnos más problemáticos. Nadie le responde y la directora da la palabra a la profesora de matemáticas que pide la expulsión de seis alumnos. El sostenedor se compromete a estudiar el caso durante la semana. Luego la profesora de religión levanta la mano y nos pide ponernos al día con las cuotas para comprar café y galletas para el mes. La directora y el sostenedor miran su reloj y dan la reunión por terminada. Ya está casi oscuro y todos se levantan apresuradamente de sus asientos. Los auxiliares recogen papeles y ordenan sillas antes de apagar la luz.

Sin hablarnos, nos ponemos nuestras chaquetas mirando el piso y avanzamos por el pasillo, refunfuñando de ira, con la certeza de que a fin de mes nuestras colillas de sueldos vendrán nuevamente rellenadas con extraños descuentos. Todos nos sentimos robados, estafados una y mil veces, pero no hay mucho que hacer pues el Estado protege legalmente a este tipo de sinvergûenzas.

8 comentarios :

  1. Qué susto... Hasta el final parecía un relato autoreferecial. Tus colegas te habrían asesinado! Y sin embargo se parece tanto a la realidad. Lo que narrás me recuerda a las anecdotas de mis tías, que tras 30 años de docencia no terminan de sorprenderse con las historias que se entretejen dentro de su escuela. Y la realidad institucional se parece tanto al de las escuelas argentinas... Por mi trabajo lo veo de cerca y no entiendo cómo un profesor de matemática del nivel secundario toma 2 ejercicio de regla de 3 simple en una prueba trimestral.. el de inglés no sale del verbb To be.. en historia nunca se pasa del primer gobierno peronista... Ejercer la docencia sin esperanzas de ayudar a un chico a crecer como persona me parece una de las cosas más tristes que hay. Entendible, por supuesto. Saludos!!

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  2. Buena parte de la novela trata sobre la problemática social del estudiantado. Este es sólo un iceberg en que hablo de parte de los inútiles que debieran hacerse cargo. El sistema es una pudrición donde ningún estamento cumple su función con prolijidad ni interés, y que empeoró mucho más desde que el Estado empezó a depositar, sin control ni solicitud de rendición de cuentas, cuantiosas sumas en las cuentas corrientes de los sostenedores privados, que por supuesto, se lo dejan todo para sí. Es un saco roto donde unos pocos hacemos el trabajo sucio por casi nada.

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  3. Por mis manos pasan los papeles de la administración de los dos establecimientos escolares de mi barrio, a simple vista te das cuenta lo mucho que se roba y se disfraza. Los docentes viven en un mundillo miserable a causa de lo podrido del ambiente que les rodea, consecuencia de no poder manejar la frustración de no poder introducir cambios que mejoren lo que se nota a leguas que está mal. Los alumnos terminan a la deriva, sus padres se rindieron primero, al ser devorados por las extenuantes jornadas de trabajo mal pago, y ahora en las escuelas no encuentran al profe que les ayude a pensar en un futuro distinto del que tienen. Adolescentes abandonados, arrojados al mundo, crean un submundo de violencia y falto de valores... Ellos también serán padres y tal vez se conviertan en docentes.
    ME GUSTARÍA LEER ESA NOVELA, ALGÚN DÍA.

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  4. Me gusta el estilo. Y muero por el "fresco" que puedas pintar de la profesora de religión... estaré a la espera del perfil de tan enigmático personaje. Gabi

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  5. Anónimo29/5/10

    Un texto-sorpresa; la primera parte es una absorbente descripción de los personajes que enseñan en una escuela pública de bajos recursos y de las estrategias de supervivencia a las que recurren (el alcoholismo, la fantasía, el coqueteo, la retirada mental); se echa de menos una ojeada del narrador a sí mismo, pues de esta manera queda sólo como el típico narrador mirón y por encima de las miradas de los demás. Su estrategia es mirar y luego describir lo que ha mirado.

    La segunda parte revela el lado oculto y oficial de la escuela, los fracasos académicos de sus desaventajados alumnos y los subsecuentes recortes de presupuesto.

    El lector tuyo, Jorge, puede optar por reaccionar a la primera parte, a la segunda, a ambas por separado o, en mi caso, a ambas en conjunto pues he sido profesora de escuela pública.

    Un essai, un intento, de realizar algo difícil en un escrito y sales bien parado. Me dejas pensando.
    María Eugenia

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  6. Desde hace algunos años escribo este tipo de historias. Textos autovalentes que insertados como engranajes puedan también darle vida a una novela. Efectivamente, no se encuentra en este lugar una autodescripción del narrador, y es un defecto del relato que le impide ser plenamente independiente. Yo mismo aborrezco esas miradas que se pretenden superponer al resto. Pero es parte de una novela, y en ella el narrador realmente se quiere poco y patea furioso los traseros visibles e invisibles de la vida, incluso el propio. Como cada escrito en literatura, sólo una parte corresponde a mi percepción de las cosas (que en este caso no es mucho más optimista sobre los maestros y el sistema, pero que se la juega más decididamente por los verdaderos y únicos perdedores) Los profesores, directivos y dueños existen y con el mismo nombre y las mismas características. Salvo al que debe ser salvado y hundo a las ratas miserables por las que no daría un peso.

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  7. La profesora de Religión es un personaje peculiar. Es pequeña, gordita, usa el cabello corto y un eterno delantal bastante raído de tanto acarrear biblias y libros que nunca abre. Tiene voz de gallina castellana clueca. Es soltera y vive con hermanas solteras y debe bordear los 50 años. Cómo es consciente de que su especialidad es la menos relevante en el concierto pedagógico, se dedica a apuntalar su propio piso con actividades tangenciales. Es la encargada de reunir los fondos para comprar el café, las galletas y los regalos de cumpleaños del profesorado y dueños del colegio. Es peligrosamente aduladora (pues siempre lo hace con intenciones subterráneas); es cizañera, soplona y cahuinera (como se le dice en Chile a quienes inventan cosas que no son ciertas, buscando indisponer y enemistar a personas bien precisas)

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  8. Yo estudie en un liceo común y corriente , y me cargo .La educación en Chile es demasiado clasista y sectorial . Por eso mis compañeras de curso mas aspiracionales , humillaban a los profesores y yo me reia de la directora del liceo , por ser una señora trepadora y oportunista . Ahora entiendo porque los mas rebelde no soporta la educación publica en Chile , es un desastre .

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