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Acacio mudo

Sucede que percibí un cambio tan radical en mí mismo que hasta diría que nací hace pocos días. Miro hacia atrás y no me reconozco. Miro hacia adelante y no me veo. Lo que soy no me convence. Creo ser el hálito de una sombra que duerme. La mentira de otra mentira. Temo decirle a los demás que ya no hablan con el que creen que hablan. Que aquel murió alcoholizado o impresionado por un rayo sin trueno. No hay cicatrices de esa muerte, ni emociones grabadas, ni esquelas. Los senderos probatorios se cubrieron de niebla. 

Los nuevos caminos huelen a mierda de caballo, a cigarro barato. No hay mujeres ni pájaros armoniosos. No hay nuevas sombras, sólo ramas que se dan la mano a la menor brisa, cortésmente.

El que aparentemente soy acarició un acacio antes del mediodía. El acacio era viejo, tan sabio que ya no hablaba. Le saqué un trozo de corteza y lo tiré al otro lado del alambrado. Eso fue todo.

Sueño disparando arcabuces. Siento el culatazo, el ruido, el humo, pero no sé a quién le disparo, desconozco todo, los charcos sólo muestran nubes, mi rostro es una nube azulada, difusa, casi extinta.

Pintura: Bernard Buffet

6 comentarios :

  1. La ciencia, que se empeña tanto en jodernos la vida a los románticos, nos enseña que un árbol, que ve amenazada su vida por alguna razón, inmediatamente mata esa parte de su cuerpo para que sobreviva el todo.

    Pareciera que nosotros hacemos lo mismo con nuestros recuerdos, nuestros amores, nuestras cosas en lo general y lo peculiar. Cuando ya estamos al límite de lo que podemos soportar comenzamos con el lento proceso de ir quitando aquellas ramas ponzoñosas que nos hacen daño y amenazan a nuestra completa estabilidad.

    El proceso siempre es tardío, pues el hombre requiere del sufrimiento para crear, algunos más que otros. Otros, mucho menos que uno.

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  2. Su muta para sobrevivir. En cada especie existe una forma de sobrevivir a las situaciones extremas o imprevistas. En el caso humano, parece ser un proceso que avanza más rápido en el nivel de la inconsciencia que de la conciencia. La conciencia suele quedarse entrampada, no toma ningún atajo, se revuelca como una serpiente en el fuego, hasta que de pronto se da cuenta que cruzó el precipicio sin siquiera percatarse.

    Tus palabras son muy acertadas, estimado Alex.

    Un abrazo fuerte.

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  3. Cuando estoy en estado de colapsado ensimismamiento me alegro que el silencio de los árboles me acompañe mientras mi mente habla, recuerda... se dispersa en la infinitud de los tiempos que fueron y los que serán... hasta volver al presente. Me gusta hoy por encima del mañana y el ayer, puede que sea una actitud evasiva pero qué más da!

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  4. El rumor del ramaje suele hablar en muchos dialectos.

    Pero los seres humanos somos políglotas, cuando querenos serlo.

    El encadenamiento de todos los tiempos es inevitable.

    Un abrazo afectuoso, querida Lorena.

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  5. Las circunstancias bajo las cuales las vidas cambian de rumbo son tan diversas que lo lógico sería no decir nada sobre un hombre hasta que muere. (Paul Auster en Leviatan)

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  6. Así parece ser, Sofía. Un abrazo grande.

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