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Notas sobre los días no memorables

1

Empieza otra tormenta solar decembrina. Bolas de fuego de Van Gogh caen sobre prados y trigales amarillentando la ilusión reticular. Pajarracos parlanchines hacen gárgaras de felicidad con el último frescor de la aurora meridional. Sombras trémulas se desplazan al este. Pies fríos. Café colombiano. Sentencias estéticas de Harold Bloom. Los tropos lingüísticos orbitan como lunas saturnianas. ¿De qué puede escribir un escritor si no es sobre su extraño oficio? Representar, admirar, presentir, ornamentar, cobrar venganzas múltiples, mentir. Las tareas son inacabables, aunque circunscritas a nuestra holgazana condición humana. De ahí los resúmenes, atajos, sinécdoques.

2

Ayer tarde, antes de bajar al río, leímos sobre la anatomía de la influencia. Bloom es reiterativo. El fin estético como nirvana de la comprensión humana es parecido a mi propio desglose algebraico. De ahí la amoralidad de mis pasos. La historia escrita es una espolvoreada de pimienta. La filosofía un mekano de arcilla mal cocida. Aún así podemos montarla, si es que no hemos engordado demasiado con sanguchitos convencionales. Una vez arriba, puedes quedarte a dormir y recortarte bigotitos a lo Nietzsche. Nadie te molestará, porque no hay nadie, quizá porque se cayeron de culo o se durmieron en los laureles de su ego complacido.

3

Sólo puedes llegar tanteando literariamente hasta alturas respetables. La dramaturgia es como ir a un excusado transparente en medio de un super bowl. La poesía tiene alas de cera y la novela clavos en los botines. A veces sandalias con resortes o una desnudez llagosa. Pero asciendes igual si es que tus personajes interlocutan esencias caprichosas, y se cuestionan la luz y el dolor, el apremio y la crueldad, la prosecución de la sangre, la nostalgia, esa extraña cicatriz indesmarcable. Así vas subiendo. Con prejuicios. A pedradas. Jugando con la arbitrariedad de los ecos.

4

El café colombiano se ha enfriado. La alegría plumífera se disuelve. Rugen motores, colectivos, maquinarias. La represa le bajó los pantalones a los ambientalistas. Los excesos navideños son sólo una perduración gástrica. La mañana se alza como un sudoroso segundero escalando un arce seco. Abrimos a Foster Wallace que es como ir al supermercado de lo posible y lo cuestionable, plagado de ratas comedoras de galletas dulces y espejos convexos donde se miran rubias y negras insatisfechas.

5

El cénit se trasluce a través de la sombrilla imperfecta del viejo manzano. Parece una continuidad de la tragedia, nada es completo ni permanente. A la felicidad la amenaza el desvarío, al desvarío la desesperanza, a la desesperanza la responsabilidad. Si dices que eres fuerte estás mintiendo, si dices que eres débil estás mintiendo, porque eres ambas cosas, sumado a tres cuartos de hijoputismo, media onza de crueldad y tres litros de perversión. Mientes cuando halagas, mientes cuando no dices nada, mientes si dices que entiendes el morse del pequeño carpintero empeñado en su rama seca.


Imagen: Bernard Buffet

1 comentario :

  1. Ud. y su toque los convierten en literario y recordables. Muy bien Muzy.

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