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Los borrachos no escriben

Es la hora en que nos entretenemos escribiendo haikus de borrachos. Cae la helada de Todos los Santos. No cubrimos los tomates. Fantasean las mariposas nocturnas con traspasar la ventana. Hay café caliente, muchacho. Poca luz. Debes leer con gafas. Pon pensamientos en el ruedo. Que este silencio sirva para algo. La culpa quizá. La culpa es tu bola de acero encadenada al tobillo. Ni siquiera eres cristiano. Ni siquiera eres algo categórico. Tienes la sonrisa de un esqueleto no descubierto. Un armazón de huesos sentado en una cueva sin entrada ni salida.

El silencio. Piensa en el silencio. Aquí hay muchos suicidas. Sé que tú no lo eres. Ya has repetido que antes de matarte preferirías dejar la gran cagada, el reguero de muertos, edificios destruidos y varios líderes colgados de los testículos. Y ni siquiera lo harías para llamar la atención, para aparecer en las notas infames de la historia, porque no te importa que te recuerden, sólo deseas divertirte otro poco y que tu miserable vida sirva para algo. Se enfría el café, muchacho. Enciende la cocina. Pon a calentar más agua. Puedes mezclar ingredientes. Clavos de olor con leche, café y cogñac. Puedes agregar whisky, ron, vino, pisco, miel, canela, aguardiente, pólvora y así fabricar una peculiar nitroglicerina en tu estómago. De algo hay que morirse. Vamos, lánzate una frase, espabila esa neurona puerca. Algo así como, la rubia duerme sobre un colchón de helechos tras ser violada por los negros de Faulkner. Pero debes hacerlo mejor, muchacho. Es sólo un ejemplo precipitado. Puede no ser Faulkner. Pueden no ser negros. Puede incluso levantarse un frágil helecho entre las piernas cansadas.

Hay demasiadas estrellas en esta noche de insomnes. Podríamos lanzarle hondazos, apagarlas una a una, y sólo para hincharle las bolas al altísimo. Esto no resulta muchacho. Escribir para nadie. Escribir sin razón. Desligarse de los temas apremiantes. Soplar cornetas atoradas. Sigue helando. Pienso en el frío de los pepinos. Las plantas sin techo ni abrigo mueren antes que amanezca.


Imagen: James Ensor, The Drunkhards.

3 comentarios :

  1. Bakan venir a leer acá Jorge...Abrazos desde Valdivia.

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  2. Abrazos desde Ñuble, Ana Rosa.

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  3. Describes un panorma que se adapta en ese Chile que espera la primavera y en esta España que barrunta el otoño. Da lo mismo, todo es igual mientras aniden las anguilas en nuestro estómago y se cuelen a lo largo y ancho de nuestras vísceras. Todo es igual y nuestro corazón se cansa, está llegando a su límite. Escribes algo sobre los testículos de algunos dirigentes. Es poco. Yo me rebelo, se rebela mi alma y mis lágrimas anegan mi marchito rostro. Ya no sé si llorar por mi, siento lástima de mí, o llorar por este inmundo mundo desaprensisvo.
    Yo tengo pánico escénico, pánico a ponerme ante el ordenador y soltar lastlre (qué bueno era aquello de soltar lastre) Las ideas vienen y se van, como la memoria furtiva, que anda escondiéndose de acá para allá, entonteciéndome. Ay! cuánto oprobio, cuánta desazón en este siglo que hace, incluso, que los que vivimos otra época, la añoremos. En fin, amigo Jorge. Piensa, dialoga, debate con Lorena, con tus amigos, con tus vecinos y siéntete tú, como eres. Un gran abrazo.

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Cuadernos de la Ira de Jorge Muzam is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.