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A pedido de los argentinos


Argentina es mucho más que cierta arrogancia atolondrada de los bonaerenses. Diez meses recorriendo desde Formosa hasta la Pampa me han permitido conocer las múltiples caras de un país extraordinariamente diverso.

He acumulado notas desordenadas sobre mi paso por esta tierra. Los rostros de los niños pobres que viven de comer ilusiones en las calles, la parafernálica y poco operante clase política que se solaza con sus salarios de reyezuelos. Una considerable clase media culta y silenciosa y otra enorme clase media abrutada, racista y fascistoide. 

Mis provocaciones de turista crítico han logrado exasperar a varios argentinos que me han prometido paliza. Pero soy un payaso escurridizo y burlón y sé como escaparme a tiempo para luego volver a molestar.

Es Argentina, un país gastronómicamente pobre (la ciudadanía sólo quiere comer carne de res), donde se fraterniza con mate y facturas, donde se sobrevaloran los logros individuales, se omiten los colectivos y se mastica cierto rencor por no haber sido capaces de construir nunca un país serio y desarrollado, pese a contar con la mayor extensión de tierra fértil del planeta.

Podría quedarme con sus escritores, con sus intelectuales, cuyas cumbres hacen subir el promedio latinoamericano. Y sólo con ese tema ocuparía un terabite. Pero no es necesario. En todo el mundo saben lo que vale un Borges, un Cortázar o un Roberto Arlt.

Si hablara de sus mujeres necesitaría inventar adjetivos para resultar veraz. La belleza conmueve, y está en todas partes, en medio de la riqueza y en medio de la más desoladora pobreza. Porque no a todos los blancos que llegaron les fue bien, y he visto a niños rusos, a niñas polacas, a nenes judíos, descalzos y recogiendo basura. Se entremezclan con los mestizos, con las recientes oleadas de bolivianos y paraguayos, y con unos pocos indígenas, los únicos que quedaron vivos tras tanta masacre.

Debiera hablar de sus vacas, porque es un planeta autónomo de vacas, de decenas de millones de vacas masticando pastito sobre un desierto verde. 

Hoy los argentinos tienen un Papa propio (Francisco, aunque en una ucronía literaria del 2008 le habían puesto Chanta I), tienen inflación, tienen a Messi, a una presidenta que ataja penales oligárquicos y un genocida como Videla encerrado de por vida.

Apenas ordene medianamente mis notas empezaré este libro que no me lo ha pedido nadie.

Imagen: Patrick Desmet

1 comentario :

  1. ¡pues no tienes poco reto en querer escribir sobre argentinos! alguien me dijo, cuando lo de las Falklands: "ahora se va a ver si hay más de italiano en ellos, de pose y bulla, o de español" y se refería a la defensa de Buenos Aires contra los ingleses en 1808, patada en el culo de un puñado de bonaerenses, patada que los ingleses no han olvidado porque con ella se les cerró un continente

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