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Yoga contra el asco


Tambalea mi entusiasmo cuando me piden que escriba nuevos análisis políticos. En otros tiempos fui un francotirador respetado. Luego me retiré decepcionado de personajes y lectores, de tanta mentira, corrupción, desidia, conformismo, porque al final nadie escucha a nadie. Cada uno se aferra a su posición de trinchera y la defiende porfiadamente  con toscas herramientas argumentativas. Digamos que esto de escribir artículos que serán superficialmente deletreados por lectores pelotudos, y lo que es más desalentador, que tratarán sobre sabandijas literariamente insignificantes como suelen ser las actuales camadas de políticos de profesión, no me satisface. Es decir, algo ha sucedido en las últimas décadas que demasiadas personas se han simplificado hasta parecer meros monigotes adiestrados para el pillaje y la ostentación. Intento dialogar con médicos, abogados, diputados, alcaldes, incluso escritores, y no tienen nada relevante que decir, nada constructivo, nada que los engrandezca como personas, nada que contribuya al bienestar común o a resaltar los atributos de otros, salvo descuerar groseramente a sus prójimos, babosear con grandes sumas de dinero, mansiones con piscina, servidumbre, camionetas todoterreno, o confidenciar la forma como se cagan mutuamente con sus camaradas. ¿Dónde quedó la lealtad, las buenas intenciones? ¿dónde la cultura universalista, las anécdotas tiernas, el amor por la diversidad, por lo distinto y lo distante?


Para encontrar personajes valiosos debo recurrir a mis recuerdos de infancia, a la historia revisionista, al pueblo llano, a los marginados de la periferia, a esos que tienen sus manos enguantadas de callos y la espalda doblada de tanto sostenerle los privilegios a los herederos de la buena fortuna y a los sinvergüenzas de nuevo cuño.

Mis editores me urgen. Por alguna extraña razón gustan de mi pluma contaminada de resentimiento y que al no amparar a ninguna ideología o potentado, no termina resultando muy útil para ningún grupo poderoso. Mis editores han sido buenas personas conmigo, respetuosos y pacientes con mis pataletas, por lo que sus ofrecimientos los tomo como un deber. Sin embargo, para volver a escribir sobre políticos creo que deberé improvisar un ejercicio previo de yoga (y conste que no tengo idea cómo se hace), beber agua clara para alejar el asco, coger a mi mujer de amanecida, contar hasta mil, y tomar distancia, mucha distancia, intentando escribir como si se tratara de simples ejercicios literarios de sarcasmo. Porque de otra forma no lo podré hacer.

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