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Tres avellanos para mi huerto

Era algo tarde pero igual las emprendimos a los altos de Maitenal a buscar pinatras, sabroso hongo que sólo crece a fines de agosto en las ramas altas de los hualos más viejos. Subimos largo rato, y Juanito, buen conocedor, nos llevó por los atajos más espinosos. A veces, el que iba adelante soltaba las mosquetas o bambúes que apartaba su cuerpo y caían como varillazos sobre el que iba atrás. En cierto sendero muy húmedo y oscurecido por los mañíos, encontramos abundantes plumas de torcaza. Había sido una verdadera masacre o bien era el casino habitual de los peucos. De algunas sólo quedaba la cabeza. 
Quizás por el exceso de lluvias invernales, los digüeñes y pinatras apenas empezaban a nacer. Tuvimos que subir mucho más hasta llegar al más anciano pinatrero del cerro. Las ramas con hongos eran tan altas y daban al vacío por lo que el árbol seguía invicto. Se apreciaban los intentos infructuosos de otros recolectores. Pero nosotros contábamos con Juanito, el que provisto de una soga que le sustrajo a unos pescadores de truchas que andaban borrachos, pudo subirse a la misma copa y sacar las pinatras. Volvimos con mi bolso medio lleno. Antes de regresar al camino, aproveché de extraer tres avellanos pequeños para plantarlos en mi huerto.

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