Translate

Evelyn Matthei, te perdonamos por no pedir perdón

La atarantada candidata de la extrema derecha chilena afirma que para el golpe de Estado de 1973 ella sólo tenía 20 años y que por lo tanto no tiene que pedirle perdón a nadie por los crímenes de la dictadura. El gobierno de Sebastián Piñera, algo más cauto, trata de distanciarse del extremismo de su continuadora política, pero los dados ya están tirados, la memoria se sigue desnudando frente a las cámaras y los muertos y desaparecidos vuelven a enrostrar tanta impunidad. Lo más importante es que el miedo cultural con el que se sometía a los grupos no privilegiados parece batirse en retirada. Sin ese miedo a su favor, las elites pierden gran parte de su predominio. Ya no bastará con mostrar los dientes para que los trabajadores y sus familias precarizadas huyan despavoridos.

Sin embargo, no será gracias a un probable gobierno de centro izquierda, liderado por Michelle Bachelet, que ese pueblo tantas veces despojado conseguirá alguna satisfacción, porque la vieja Concertación (hoy renombrada Nueva Mayoría) está dando los mismos torpes pasos que la llevaron a perder el gobierno en el 2009, y lo que es peor, a perder la confianza de las nuevas generaciones. Es decir, están mostrando una risueña careta ante las cámaras, pero por detrás están llamando a los mismos conservadores, como José de Gregorio y René Cortázar, que le permitían tener tan buenas migas con el gran empresariado. Y el problema es que esa cercanía siempre decantaba en una extorsión a favor del empresariado, en actitudes lameculistas con los organismos económicos internacionales, en la perpetuación de un modelo anclado en la exportación de materias primas y en una exasperante desidia frente al saqueo de las transnacionales. Y no es que nos planteemos ideologizadamente como antiempresarios, sino que la dinámica política rastrera, o timorata, que se estableció durante todos los gobiernos de la Concertación, y que apostaba a codearse de igual a igual con la creme oligárquica criolla, con la misma impostación prepotente y con el más siniestro arribismo, convirtieron a Chile en un país aún más desigual de lo que era durante la dictadura. Es cierto que nuestro PIB creció, que nuestros millonarios se transformaron en multimillonarios, pero nuestra clase obrera siguió tanto o más precarizada que antes. Y ni qué decir de nuestra clase media, que sigue siendo sólo imagen, ostentación vacía, pagos en cuotas hasta el infinito, sudorosos solventadores de la monstruosa usura bancaria. Pero los jerarcas concertacionistas, una parte considerable al menos, devinieron en nueva oligarquía, se hicieron de muchas acciones en la bolsa, compraron yates, empezaron a vacacionar en el extranjero, legislaron a favor de sus nuevos intereses, y nunca, ni una sola vez, reclamaron contra el abultadísimo salario que recibían del Estado, ni contra los sobresueldos fiscales pasados por abajo, y que en conjunto no eran inferiores a 50 salarios mínimos.

No obstante lo anterior, esta vez parece que la suerte está echada y nuestro próximo gobierno será comandado nuevamente por la vieja Concertación. El gran punto a favor del conglomerado de Bachelet es que dispone de disciplinados y curtidos votantes que se levantan de madrugada para ir a cumplir con una obligación que legalmente ya no es obligación. La suma de esos adultos y ancianos le dará el triunfo a Bachelet, porque la gran masa de jóvenes descontentos que berrea en internet contra derechas e izquierdas no se toma las molestias de levantarse temprano, no se ducha antes de las doce, ni menos hará una fila en un día feriado.

Pero vuelvo a la señora Matthei. Intuyo que su tozudez la exonerará de pedir perdón. Ella se siente una chica muy ruda y no está para esos comportamientos tan democráticos. Y aún cuando parezca una loca impulsiva, grosera y clasista, no podría asegurar que tales mañas le condicionen los clásicos votos de la derecha. Asociarla con Pinochet no le resta votos, pues una parte nada desdeñable de los chilenos sigue viendo a la dictadura como un buen gobierno y a Pinochet como un salvador de la patria. Sólo basta recordar que fue el propio Pinochet quien, sometido al escrutinio de 1988, alcanzó un no despreciable 43 % de las preferencias electorales.

Hoy, enfrentados los chilenos al aniversario de los 40 años del golpe militar, se ha puesto de moda exigir a los que adhirieron o participaron en esa dictadura que pidan perdón. Y este es un tema controversial dentro de la misma derecha, cuyo pensamiento transversal sigue anclado en un medioevo moral, con ellos como blancas palomas merecedoras de todos los beneficios de existir, y la peligrosa chusma que se atreve a exigir más pan duro del que merece. Los habitual es que la derecha económica, donde se guarecen todos los grandes propietarios, se desligue de culpas, y redireccione la ira ciudadana hacia los milicos. Pero los milicos son simples perros de presa descerebrados a los que les incrustaron el chip de una ideología perversa. Los verdaderos peces gordos están siempre detrás del escenario maniobrando el timón de sus privilegios. Ellos no se muestran, no se ensucian las manos, no asumen riesgos ni culpas, sólo instrumentalizan al resto. Es decir, dentro de la misma oligarquía económica chilena está el centro de la estrella de la muerte y es allí donde hay que enviar a Han Solo y Chewbacca a hacer justicia.

No hay comentarios :

Publicar un comentario en la entrada

Creative Commons License
Cuadernos de la Ira de Jorge Muzam is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.