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El batallón de intelectuales marcha hacia Siria


El problema en Siria es que nadie sabe a quién apoyar, porque todos los bandos en disputa parecen sospechosas hienas acechando el botín de Damasco, el control del territorio para las ulteriores venganzas, la repartija geopolítica, la apertura de rutas al saqueo de los nuevos aliados. 

Si ocurrió (y de verdad parece ser cierto) un ataque químico contra la población civil, no puede usarse como pretexto para destrozar un país, para masacrar la población civil, para ensayar nuevas armas, para anticiparle suculentos negocios a las grandes inmobiliarias. Porque de partida (y al menos hasta ahora) no se sabe exactamente quién lo realizó ni con qué motivos. Pudo haber sido un loco suelto, o quizás un grupo de cabezas calientes opositores a Assad, o talvez un belicista simpatizante del gobierno. ¿Y si fue sólo un accidente sin premeditación humana? Cuando no tienes ninguna certeza todas las variantes deben ser consideradas. Por otro lado, ¿qué sacarán los países reprendedores con incinerar un territorio a punta de misiles? ¿creen que alguien se sentirá escarmentado? Assad terminará victimizándose y los daños colaterales acabarán con la vida de miles de inocentes. Y esto lo digo intentando pensar bien, porque lo habitual es que piense muy mal de estos policías moralistas planetarios que ya asolaron Libia, Irak y Afganistán dejando interminables regueros de sangre y países envueltos en caos, con el único fin de apropiarse de sus riquezas.
Ni Assad ni su padre fueron blancas palomas, y sólo cuando se vieron con el culo a dos manos ante los levantamientos populares, recién se apresuraron a establecer tibias reformas democratizadoras. Pero a esas alturas ya era tarde. Assad ya estaba tachado en el index de la primavera árabe, pero sobretodo, ya era un hombre muerto caminando para las potencias occidentales. Siria, esa estratégica bisagra histórica entre oriente y occidente, ya había sido anexada por la cofradía de buitres comandada por Washington.

Hoy, 30 de agosto, parece inminente un ataque estadounidense sobre territorio sirio. El gran agresor que anda destruyendo países por el mundo vuelve a hacer de las suyas, y nadie parece tener la suficiente fuerza, decisión ni voluntad para oponerse, como si en el fondo diera lo mismo un atropello más.

¿Y la intelectualidad mundial? Pues brilla por su ausencia. ¿Dónde están las mentes preclaras que hasta los 90 se solían unir para protestar contra la barbarie mundial? ¿Qué sucedió para que hoy predomine sin contrapeso el discurso de una camada de codiciosos ignorantes? ¿Por qué tanta mudez? ¿Hay alguien ahí?

1 comentario :

  1. Estados Unidos encontró una excusa para hacer la guerra, otra vez. Estoy muy de acuerdo con los conceptos que expone en este escrito, yo estoy del lado del pueblo y con una guerra su dolor se redoblará.

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