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De la riqueza a la excentricidad

¿Para qué sirve la riqueza? ¿qué sentido tiene acumular más que los otros? Claramente se persigue fortalecer el estatus, esa posición perversa que se alimenta de la envidia de los demás. ¿A quiénes suele importarle? Pues a los más débiles entre los débiles, a los que bajo ese subterfugio atrincheran su infructífero vacío o su ausencia de talentos e imponen su presencia con plumas anexas a su humanidad. Acumular más de lo necesario expone públicamente a los egoístas, a los inseguros, los temerosos, los procaces, los indolentes, todos aquellos que nunca podrán mirar dignamente a los que han decidido vivir con lo necesario.
La riqueza genera tiempo ocioso, aburrimiento, perversiones de la mente, caprichos absurdos. No existen muchos casos de ricos que hayan usado su posición para ser mejores personas ni menos para ayudar a los más necesitados, salvo mediante esporádicas limosnas exculpatorias que más parecen humillaciones malvadas.
 
Los ricos excéntricos aumentan en la medida que las sociedades se tornan más injustas, distanciando a un grupo de multimillonarios de la gran masa de empobrecidos apuntaladores de sus privilegios.
A modo de ejemplo, los multimillonarios rusos compran posesiones por el mundo, equipos de fútbol, estadios, joyas y voluntades, tal como los jeques árabes, que construyen paraísos inverosímiles en el mar a costa de la pobreza opresiva de sus coterráneos.
Entre los japoneses prolifera la tendencia a operarse las líneas de las manos para cambiar el destino, o la de coleccionar braguitas de adolescentes vírgenes. Y qué decir de los lujosos spa que acondicionan para sus mascotas.
En China, los millonarios han hecho de la leche materna un producto suntuario. Parecen estar convencidos que allí está el secreto de la eterna juventud. Aumentan los turistas espaciales, los baños en champaña, los adornos de diamantes, las pistas privadas de hielo,  los jardines exóticos, la prostitución de lujo, los autos full equipo, los mausoleos para mascotas y los caprichos sanguinarios.
Rendir pleitesía o aplaudir tales excentricidades me parece tan enfermizo como la acumulación desmedida, porque la riqueza no se crea de la nada, tampoco aumenta, sólo se desplaza, sólo se arrebata, la especulación no hace más que agigantar burbujas vacías y los despojados cada vez tienen menos a qué echar mano.

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