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Sexo virtual


Fue como perder la virginidad nuevamente. Parecía increíble que me estuviera excitando a través de las palabras que iban apareciendo en la pantalla. Ni siquiera había empezado esa conversación con una motivación erótica de por medio. Las palabras simplemente se iban enlazando unas a otras, automáticamente, como respondiéndose entre ellas. Los sentidos habituales estaban neutralizados. No la olía ni la escuchaba ni la oía ni la palpaba ni la saboreaba y sobretodo no la veía. Eran sólo las letras de Romina tecleadas sobre su lecho, a miles de kilómetros de mi propio lecho.


Le pedí que se describiera, recordando quizás la reprensión que el viejo Effing le hace al joven Fogg en El Palacio de la Luna, de Paul Auster: "Cuénteme cómo son las nubes. Descríbame cada nube que hay en el cielo hacia el oeste, una por una hasta donde alcance su vista". Para un escritor es importante que la descripción que se haga sea certera, que intente atrapar lo que ni siquiera ven los ojos.

Romina fue certera, aunque poco afectuosa consigo misma. No se creía la reina de Saba, sino más bien un insecto insignificante y hasta molesto para el resto del mundo. Sin embargo, en las imágenes que ella me seguía enviando yo la veía conmovedoramente sensual, fresca, sana, vital, desbordante de energía, sensible a las cosas simples y sobretodo acometida de una ira inmanejable contra todo lo que le parecía injusto en esta vida.

Se describió semidesnuda y acalorada bajo un ventilador. Afuera, una tormenta tropical arreciaba descargando una copiosa lluvia sobre su techo.

Le dije que en ese momento deseaba esparcirle miel sobre sus pechos y besárselos hasta dejarlos limpios de tanta pegajosa dulzura.

Tecleó el fonema de un suspiro.

Nos repartimos uvas en la boca y yo comí una desde el interior de su sexo.

Me dijo que era bisexual y que deseaba compartirme con otra mujer. Le respondí que eso me parecía muy incitante.

Proseguimos largos minutos, quizás horas, haciendo el amor a través de palabras. Mi cuerpo respondía con la misma potencia que en una sesión real. Ella parecía igualmente arrobada por tanto deseo desplegado, por tantas posiciones, movimientos y formas de besar.

Quedamos de juntarnos en Buenos Aires, Asunción o Sao Paulo para hacer realidad nuestro deseo virtual.

8 comentarios :

  1. Anónimo28/2/11

    Sr muzan: Quisira pedirle algo especial si pudiera escribir algo para mi y si es asi quisiera contarle una historia.
    En realidad no se como traspasarle lo que siento porque en realidad estoy algo confundida y bastante desorientada........ perdone no puedo aun contar nada de como estoy deme un poco de animo y apoyo .... gracias

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  2. Será un placer escuchar su historia y poder ayudarla en lo que pueda, estimada lectora.

    Un fuerte abrazo de apoyo.

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  3. Jorge, ¿qué mujer podría resistirse ante el ruego de que se describan las nubes, las estrellas, o las gotitas de lluvia que caen sobre el cristal?

    Todo ello es muy sugerente, muy bello y, ya se sabe, de semejantes polvos...pues estos lodos.

    Bonito texto.

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  4. Agradezco sus palabras querida Concha. Lo que intento describir es una nueva forma epistolar de hacer el amor. Es instantáneo, plagado de sugerencias, muy libre, despojado del pudor que conlleva la cercanía física y sobretodo muy circunscrito al poder que le conferimos a cada palabra porque al fin y al cabo son ellas las que hacen el amor.

    Un fuerte abrazo.

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  5. Anónimo4/3/11

    muchisimas gracias mister muzan,

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  6. Antes que sexo virtual prefiero el amor virtual tal como en las cartas antes que existiera el e-mail. Siempre quise tener un amor por correspondencia.
    Interesantisimo.

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  7. Las palabras hacen el amor.. casi casi la única forma en que lo he hecho aunque algunos dicen que la otra es mejor para esta romántica sueño vale más que realidad para sobrellevar los malo de la vida.. Desde un palacio en la luna la tierra se ve hermosa!

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  8. Bellísimo, sugestivo, excitante

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