Translate

Las asalta giles


He sabido de tantos casos en Chile y Argentina que me parece que es hoy uno de los delitos más habituales. Me refiero a mujeres asaltantes que utilizan la debilidad masculina ante el sexo opuesto para dejarlos en pelotas.

Son pocos los machos engañados que llegan a denunciarlo, porque está en juego su orgullo social, pero cuando lo llegan a hacer (ya sea para cobrar el seguro del robo o porque se han visto económicamente muy afectados) son los mismos policías los que (con perversa picardía) echan a rodar la noticia.

La víctimas pertenecen a todos los grupos sociales, raciales y etarios. Sólo basta que sean hombres y que aparenten tener algo de solvencia económica. Las mujeres asaltan con sutiles armas de seducción (que incluyen sonrisas, gestos amables, escotes pronunciados, frescura juvenil y cualquier pregunta) y el hombre queda desguarnecido, convencido de que algún rasgo de su irresistible masculinidad ha atraído a esa bella interlocutora.

El resto es cuento sabido. Las mujeres conducen a su entero antojo a estos repentinos enamorados, quienes con sus voluntades inhabilitadas, no espabilirán ante el robo de su billetera, sus electrodomésticos o el desguace de sus tarjetas de crédito.

El caso al que se refiere esta fotografía sucedió en la Provincia de Misiones (Argentina), donde (según datos del Atlas Desmemoriado del Partido de Lanús, de Eduardo Molaro, se encuentra el mayor porcentaje de mujeres hermosas del planeta) Esto puede deberse a que todas las inmigraciones y mestizajes imaginables decantaron en esa tierra olvidada del señor. Y por supuesto, al consumo de mangos y bananas.

 Pero vuelvo al caso. La historia la cuenta Gustavo, un emprendedor de Misiones que dice haber sido abordado por estas tres señoritas en el estacionamiento de un supermercado Chango Más. Una de ellas se acercó y le limpió amablemente el parabrisas. Gustavo pensó que estaba jugando porque no parecía una chica pobre, así que quiso entrar en el juego y le estiró una propina. Ella, muy sonriente, le pidió que a cambio la llevara a ella y a sus dos amigas hasta otro supermercado. Gustavo, preso de un incontrolable furor, pensó que con su sola presencia de galán de cine indú, había trastornado de deseo a esas frágiles alondras, y les abrió personalmente la puerta del auto.

Ya encaminados empezaron a hablar trivialidades de la contingencia provincial. Habían recorrido escasas cuadras cuando una de ellas, la que había limpiado el parabrisas, dijo que las tres eran bisexuales y acto seguido empezó a besar y a tocar a la compañera del lado, mientras la tercera se pasó al asiento delantero. Gustavo, a esas alturas, hacía esfuerzos descomunales por no pasarse luces rojas ni atropellar ancianitas. La que se sentó a su lado empezó a tocarle las piernas y el sexo, ya transformado por efecto de las circunstancias en una verdadera cabeza olmeca.

Una vez en el estacionamiento del nuevo supermercado, la manoseadora procedió a hacerle sexo oral. Gustavo vivía el sueño del pibe. Nunca antes se había sentido tan irresistible y mimado. Tras acabar y sumirse en el sopor del amor consumado, las muchachas le dieron un beso y se fueron. Gustavo aún tardó un par de minutos en reaccionar. Demasiado tarde, sin duda, pues ya le habían robado su notebook, su celular, su billetera y hasta los yogures.

1 comentario :

  1. y al día siguiente Gustavo explicaba a la policía porqué había acudido de nuevo al sitio del asalto, y al otro día también Gustavo...

    ResponderEliminar

Creative Commons License
Cuadernos de la Ira de Jorge Muzam is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.