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Todas íbais a ser reinas


Leo noticias sobre las atrocidades cometidas por militares guatemaltecos en los años 80. Fue una política sistemática de tierra arrasada alentada desde Washington y ordenada por el gobierno guatemalteco de la época. Los militares peinaban los territorios en busca de señales guerrilleras y en el camino violaban a todas las mujeres que encontraban a su paso. Violaciones masivas que incluían palizas y torturas y de las que no escapaban ni las niñas pequeñas.

En Chile y Argentina ocurrió otro tanto, atrocidades parecidas perpetradas por militares y civiles adictos a las dictaduras. En cada conflicto, en cada recalentamiento histórico, las mujeres suelen llevarse la peor parte. Nadie las defiende. Se les considera a lo mucho un mero botín sexual. 

Veo el mundo islámico. Mujeres sometidas a las que apenas se le pueden distinguir los ojos, humilladas diariamente por un sinnúmero de reglas impuestas por chiflados integristas. Desde occidente se legitima esa conducta aduciendo que son sólo rasgos culturales. Pero, y esta es mi visión, nadie debiera aceptar una cultura que implica la degradación de la mitad de su población.

El mundo católico no es muy distinto con sus ostentosas reglas medievales y donde los cargos principescos los acaparan sólo los hombres. Emplumados papas, cardenales, obispos y sacerdotes son asistidos siglo tras siglo por serviles monjas. 

Cada tarde veo salir cientos de niñas del colegio que está frente a la ventana de mi escritorio. Van felices a sus casas, con sus mochilas coloridas rellenas a reventar de tareas y manualidades, van con sus ojitos plagados de ilusiones, atiborrados de expectativas. Van contando atropelladamente a sus hermanos mayores o a sus padres las experiencias del día. Todas se sienten genuinas princesas. El sol tiene un color muy intenso para ellas. Y de verdad daría lo que fuera para que nunca se les destiñera, pero sé que a la mayor parte de ellas sólo les espera un mundo de precariedad y abuso. Las veo y se me viene a la mente el poema de Gabriela Mistral, "Todas íbamos a ser reinas".

Todas íbamos a ser reinas,
de cuatro reinos sobre el mar:
Rosalía con Efigenia
y Lucila con Soledad.


En el valle de Elqui, ceñido
de cien montañas o de más,
que como ofrendas o tributos
arden en rojo y azafrán.


Lo decíamos embriagadas,
y lo tuvimos por verdad,
que seríamos todas reinas
y llegaríamos al mar.


Con las trenzas de los siete años,
y batas claras de percal,
persiguiendo tordos huidos
en la sombra del higueral.


De los cuatro reinos, decíamos,
indudables como el Korán,
que por grandes y por cabales
alcanzarían hasta el mar.


Cuatro esposos desposarían,
por el tiempo de desposar,
y eran reyes y cantadores
como David, rey de Judá.


Y de ser grandes nuestros reinos,
ellos tendrían, sin faltar,
mares verdes, mares de algas,
y el ave loca del faisán.


Y de tener todos los frutos,
árbol de leche, árbol del pan,
el guayacán no cortaríamos
ni morderíamos metal.


Todas íbamos a ser reinas,
y de verídico reinar;
pero ninguna ha sido reina
ni en Arauco ni en Copán...


Rosalía besó marino
ya desposado con el mar,
y al besador, en las Guaitecas,
se lo comió la tempestad.


Soledad crió siete hermanos
y su sangre dejó en su pan,
y sus ojos quedaron negros
de no haber visto nunca el mar.


En las viñas de Montegrande,
con su puro seno candeal,
mece los hijos de otras reinas
y los suyos nunca-jamás.


Efigenia cruzó extranjero
en las rutas, y sin hablar,
le siguió, sin saberle nombre,
porque el hombre parece el mar.


Y Lucila, que hablaba a río,
a montaña y cañaveral,
en las lunas de la locura
recibió reino de verdad.


En las nubes contó diez hijos
y en los salares su reinar,
en los ríos ha visto esposos
y su manto en la tempestad.


Pero en el valle de Elqui, donde
son cien montañas o son más,
cantan las otras que vinieron
y las que vienen cantarán:


-"En la tierra seremos reinas,
y de verídico reinar,
y siendo grandes nuestros reinos,
llegaremos todas al mar."


1 comentario :

  1. empalagoso, un dulce para complacer a todos los paladares

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