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Corea del Norte, el villano invitado


Estados Unidos ha fabricado comunicacionalmente a un nuevo gran villano distractor. Los periódicos conservadores y rastreros del planeta se están dando un festín, porque tienen con qué rellenar páginas enteras de teorías conspiracionistas y sus ventas se han disparado. Nada vende como el alarmismo. Ya lo decía Evelyn Waugh.

 Esto es necesario por cuanto le permite a Estados Unidos renovar energías, victimizarse ante el mundo, legitimar sus atropellos y descomprimir la presión que ejerce sobre su gobierno la gran industria armamentista.

También le permite desviar la atención respecto al desastre en que dejó sumido a Irak, al empantanamiento de la guerra en Siria, y a las bravuconadas inútiles para espantar a Irán.

Y qué decir de la alicaída economía estadounidense. Qué mejor que disipar el descontento creciente insuflando patrioterismo barato en la población.

Los frentes en que Estados Unidos mete la cola son múltiples, y siempre con afán geoestratégico, como hacerse de materias primas, de territorios amigables, de gobiernos títeres. Si la guerra es entre pobres o en territorios yermos, simplemente no se mete.

Y si hablamos de villanos reales, de grandes terroristas, sólo recordemos Hiroshima y Nagasaki.

La actual situación me hizo recordar la película Wag the Dog (1997) de Barry Levinson. Se le conoció en España como "Cortina de humo", y en Latinoamérica como "Escándalo en la Casa Blanca".  La trama gira en torno a un supuesto abuso sexual a una menor cometido por el mismo presidente. Para desviar la atención pública y evitar el escándalo, los equipos comunicacionales inventan una guerra en un país ficticio. Y todos los medios del mundo creen la noticia, o participan de la mentira y la difunden como real.

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