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Campos de concentración animal

Era un gato rubio y musculoso, con su lomo engrifado, el que bajó hasta el estero de piedras de San Fabián a beber agua. No parecía preocupado. Bebió como cualquier gato. Sacó varias veces la lengua para arrastrar con ella pequeños pocitos de agua. El agua era limpia. Agua de nieve recién derretida. Entonces pensé que era un auténtico gato montés, un güiña quizás. Pero luego reparé en que los güiñas no son tan rubios ni grandes. Son más bien marrones con atigradas manchas oscuras. Sin embargo, me autoconvencí los siguientes 30 años que pude ver a un güiña en estado salvaje.

Hoy pienso que quizás fue un gato hippie, vulgar y doméstico, pues los hippies suelen ser rubios rebeldes que se escapan por un tiempo del brazo protector de sus familias acomodadas para vivir la vida loca.

Sería hasta ridículo pensar que un pobre quiera ser hippie, porque más bien ya es un hippie al natural. Fornica con quien puede, come los rastrojos que encuentra y los harapos que lo cubren no los usa por moda.

El tema es que no volví a ver un nuevo gato salvaje en mi vida. Tampoco vi pumas ni pudúes ni zarapitos ni halcones peregrinos ni huemules ni huillines.

Hace 32 años vi a un quique en la orilla de un camino rural, pero estaba muerto.

Hace 28 vi a la primera y última rana chilena en su hábitat natural.

Hace 25 que vi a los últimos carpinteros picoteando los troncos de nuestros manzanos. 

Hace 17 que vi a las últimas bandadas de choroys que llegaban a degustar nuestras cerezas cada diciembre.

Hace más de 15 que vi a las últimas truchas, carpas y salmones gigantes de río.

Hace 13 que vi a cientos de garzas en animada charla vespertina en Renca.

Hace 10 que vi cóndores durante una excursión a la alta montaña.

Hace 2 años vi por primera vez a coipos en estado natural. Estuve horas deleitándome con sus zambullidas y apariciones.

Hace nueve meses que vi al último zorro que se me cruzó en la ruta.

No lo atropellé, como tampoco he atropellado a los conejos que se quedan encandilados en la noche al medio de la carretera.

Siento que hemos arrasado con los hábitats donde coexistieron durante tantos milenios estas especies. Si mi generación apenas pudo contemplar uno que otro de estos animales en su estado natural, nuestros hijos no han tenido más opción que verlos en Animal Planet, en zoológicos o en las imágenes de sus libros colegiales. La naturaleza pura significa para ellos el pasado. 

Para nuestro cruel deleite, hemos encerrado a estas especies en campos de concentración llamados zoológicos, donde apagamos sus instintos y los alimentamos con pellet de desperdicios.

Los únicos que hasta el momento parecen seguir indemnes ante esta depredación y avalancha de modernidad son los gorriones. Parlotean por miles todo el día, afirmados en los cables eléctricos, y siguen haciendo sus nidos incluso junto a las bencineras, moteles y centros comerciales.

6 comentarios :

  1. amigo Muzam, si quiere encontrar animales salvajes debe hacer lo siguiente:

    1. Visitar China
    2. Recorrer las profundidades marinas.
    3. Meterse debajo de la cama de los hijos después de una semana sin asearla.
    De seguro se lleva un tarascón.

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  2. Interesante exposición amigo Jorge.
    Has hecho un buen ejercicio memorístico. Voy a ver si consigo hacer lo propio.

    Un beso.

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  3. O sólo mirarnos en el espejo amigo Claudio. Somos animales salvajes y nuestro hábitat natural es la selva de cemento.

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  4. Quizás lo recuerdo a la perfección porque para mí han sido sucesos muy relevantes, querida Concha.

    Quizás mi ira por esta pérdida definitiva de los espacios naturales está más relacionada con la imposibilidad de que mis hijos y descendientes puedan ver lo que apenas yo alcancé a ver en esta parte del mundo. Pertenezco a la última generación con ese privilegio.

    Los reductos y Parques Nacionales que ha delimitado el Estado han llegado algo tarde, cuando gran parte de las especies ya han sido diezmados, y las leyes anticaza no contemplan más que multas ridículas.

    Un abrazo mi querida amiga.

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  5. Tengo predilección por los caminos de a 20kmts. circular sin que un histerico se desespere por mi lentro rodar. La zona central aun tiene lugares que premian con zorrillos asustados o conejos veloces, con mamas codornices que cruzan el camino junto a sus polluelos, incluso mi jardin de cuando en cuando me premia con pajarillos que antes no habia visto.
    Cuado viví en Puro proximo a Melipilla no vi ningun diablo, pero no porque no existieran...
    Aqui tengo algunos caminos que le pueden interesar: http://cotidianorepresivo.blogspot.com/

    Saludos
    AOC.

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  6. La mayoría de las especies que mencionas, ni siquiera he podido avistarlas en mi vida, querido Jorge. Hace muchos años vi pudúes en un pequeño zoológico que había dentro de la Universidad de Concepción. Hoy parece que hay unos cuantos en el Buin Zoo.
    Del resto, sólo he visto algunos en el programa La Tierra en que Vivimos. El huillín es bellísimo, le dicen gato de mar o algo así.
    Besitos. Me gustó mucho tu artículo.

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