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Sobre el amor libre y la propiedad del otro


Hombres y mujeres suelen aceptar sin remilgos ni cuestionamientos una forma de convivencia basada en la propiedad del otro. El hombre se apropia de la mujer (y de otras mujeres si puede lograrlo), y la mujer se apropia de su hombre, que ella siente como su compañero y fecundador (aunque no desdeñe a eventuales amantes en la oscuridad)

Ninguno de los dos es naturalmente monogámico, pero han establecido un acuerdo cultural (habitualmente inconscientes de que es un mero acuerdo cultural) para caminar juntos el resto de sus vidas. El sentido de propiedad del otro los torna fieros, recelosos y egoístas. Los inevitables deslices amorosos o meros roces o incluso detalles insignificantes que conlleva la rutina en sociedad, zahieren el sentido de propiedad desatando verdaderas tormentas en medio de la convivencia.


¿Por qué sucede todo esto? Puedo improvisar razones. Existe la necesidad de adoptar costumbres prácticas que se amolden a la complejidad social, que no desaten sospechas, que contribuyan a proteger hijos, a no criar desadaptados, a hacerse de bienes y techos bien apertrechados, y a asegurar un lecho tibio, una caricia nocturna, un regazo, todo eso que no disfrutan los solitarios. Pero para conseguir esto, hay que ajustarse a un conjunto de convenciones.

Leo sobre los muchachos de Monte Veritá. Allí, en Ascona, en los montes suizos, se formó hace un siglo una especie de fraternidad anarquista, que incluyó en un comienzo a un poeta y ex militar austríaco, Karl Gräser; a la profesora de música y feminista, Ida Hofmann, y al millonario belga Henri Hoedenkoven.

Confluyeron en su desprecio hacia la sociedad patriarcal, en su amor por la naturaleza, su adoración al sol y en su culto a la mujer como símbolo de la madre tierra.

Pronto se sumó la hermana de Ida, Jenny, música y cantante; el hermano menor de Karl, "Gusto"; el teósofo Ferdinand Brune, y Lotte Hatterner, hija de un alto oficial alemán. Para afianzarse como comunidad compraron un terreno de tres hectáreas en lo alto de Monescia, y lo bautizaron como Monte Veritá.

La convivencia fue difícil, comenzaron los desacuerdos, cada uno quería una cosa distinta. Ida y Henri levantaron un sanatorio para gente adinerada. Karl y Jenny construyeron una casa en un terreno aledaño. Gusto se fue a vivir en una cueva rocosa, y Lotte vivió en una casa abandonada, donde cada noche encendía un fuego ritual para purificar al mundo.

Ida sacó una especie de manifiesto, donde resaltaba su oposición al matrimonio, por ser una cadena de mentiras, y a las religiones patriarcales como el hinduismo, el cristianismo y el judaísmo.

El monte se fue poblando de simpatizantes y personas que recurrían al sanatorio. Allí se vestían con túnicas y sandalias, se practicaba el vegetarianismo, se recibían baños de sol y se danzaba grupalmente.Fue una antesala del hippismo que se expandiría 60 años más tarde.

En 1905 llegó Otto Gross, médico y psicoanalista, discípulo de Freud. Gross era una especie de freudiano extremista, que se negaba a disfrazar sus propias neurosis frente a sus colegas. Arribó a Monte Veritá con la intención de ensayar un modelo de comunidad basado en el amor libre y el matriarcado, llevando la práctica del psicoanálisis hasta su más radical expresión. Gross recomendaba la promiscuidad y las orgías, porque de ese modo, hombres y mujeres, al liberarse del sentido de la propiedad sobre otros seres humanos, podían conquistar un sentido de igualdad. Gross, junto con predicar el anarquismo  y el amor libre, estaba convencido de que su esposa podía tener hijos con los hombres que ella eligiera.

Se estima que Gross impulsó a Jung a convertirse a la poligamia. A instancias de Freud, mantuvieron largas sesiones donde se psicoanalizaron mutuamente.

Gross se vió aproblemado judicialmente por haber ayudado a suicidarse a dos mujeres en estado terminal, entre ellas, la propia Lotte, que estaba aquejada de una profunda depresión. Su  padre, el reputado juez Hanns Gross, junto con desheredarlo, lo persiguió y movió los hilos para que su hijo fuera encerrado y declarado loco.

Otro intelectual que se maravilló con Gross fue Franz Kafka, por cuanto ambos tenían una tortuosa relación con sus respectivos padres. D.H. Lawrence, por su parte, se vio influido por las teorías de Gross a través de su esposa Frieda Von Richthofen, que había pasado una temporada en Monte Veritá y había sido amante de Gross. Frieda le obsequió a Lawrence las cartas que Gross le había dirigido. Posteriormente, en la novela de  Lawrence, Mr. Noon, el personaje de Eberhard está inspirado en Gross.

Pero Otto no fue el único integrante de Monte Veritá que  cautivó a un gran escritor. Gusto Gräser deslumbró a Herman Hesse. En 1907, Hesse acudió al sanatorio para tratarse su alcoholismo, y allí conoció a ese anacoreta que vivía en una cueva, y que antes había andado por Europa predicando la filosofía de Lao Tsé, el rechazo al mundo capitalista y el regreso a la naturaleza. Se cree que fue Gusto quien le inspiró sus obras Demian, El lobo estepario y El juego de los abalorios.

Hacia 1920, con la muerte de Otto Gross, Monte Veritá comenzó su declinación. En 1926, el sanatorio fue comprado por un banquero, y transformado en un lujoso hotel. Monte Veritá se transformó así en lugar de reposo y diversión para aristócratas y hombres de negocios.

Sin embargo, mientras existió, fue tal la atracción que despertó en numerosos intelectuales de la época que pasaron por allí, como Hans Arp, Piotr Koprotkin, Gustav Landauer, Hugo Ball, Rainer Maria Rilke, Isadora Duncan, James Joyce, Thomas Mann, Paul Klee, Ernst Toller, Hans Richter, Stefan George o Bertold Brech, que puede considerarse a esta comunidad como una influenciadora indirecta aunque significativa de la cultura contemporánea.


Fotografía: Otto Gross en Monte Veritá.


3 comentarios :

  1. Muy interesante la reseña. Hubo aquí en Cochabamba hace unos 20-25 años, en Tiquipaya créo, un similar intento de comunidad modelo basada en el "amor libre". Mujeres y hombres, d largas cabelleras y siempre desnudos dedicados al amor libre, sexual, cósmico y telúrico...Con igualmente un solo gurú, un solo maestro q disfrutaba d todas y d todos. Todo acabó en mera degeneración, y al espanto d los vecinos se sumaron denuncias de sonsacamiento de dinero y patrimonios a los muchos extranjeros q buscaban la libertad. Triste fue su final.

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  2. Interesante experiencia la que nos narras, estimado Achille. De seguro se debe haber escrito bastante sobre eso. En Chile han existido experiencias parecidas. La más conocida es la Colonia Tolstoiana, a comienzos del siglo XX. Escritores que intentaron seguir los postulados de Tolstoi, pero que al no estar dispuestos a ensuciarse las manos en la tierra terminaron fracasando rápidamente. Hace poco (aún existe) surgió una secta liderada por una modelo argentina, Paola Olcese. Tenían su parcela en Pirque (cerca de Santiago) Tras fallecer una joven madre durante un parto (porque rechazan la asistencia médica) y enterrarla en su campo, sin hacer trámites oficiales, los acosó la prensa y la justicia, así que se trasladaron a Lo Zárate, donde han intentado seguir con su forma de vida, parecida a los Amish.

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  3. Ese es justamente el lado más peligroso d estos grupos radicales: intentar mundos "nuevos", níveos segun el inobjetable criterio de uno solo o unos cuantos iluminados. Gregarismo al nivel más ovejuno. Escapando d un mundo aborrecido terminan haciendo otro muy aborrecible. Puro y dañino fanatismo. Una especie d burbuja bajo la filosofia del buen salvaje. Un absurdo. El caso q ocurrió en Cochabamba era de las mismas reglas: una comunidad bien aislada, fuertes muros, un solo gurú, swingers full time, mujeres jóvenes d preferencia, de ser viejo o vieja, se debía "contribuir" con dineritos generosos. Sexuales (violaciones) y de hurto solapado, fueron las denuncias gruesas q le esfumaron el Paraíso al charlatán local q salía d su encierro felíz esporádicamente a promover su movimiento, era todo un cristo melenudo con manto y todo y tenía como escolta una mujer muy joven, una especie d pocahontas valluna: sandalias d cuero tosco, un culo majestuoso acariciado por su larguísima cabellera, falda mini, senos semicubiertos y nada de ropita interior. Era la ropa de calle; en su aldea, nudéz bíblica. El gurú terminó como triste espectro: deambulaba hasta hace unos años, con sus todavia atavíos d cristo por las calles de mi ciudad, sin más Pocahontas q el recuerdo. Anzuelo para ingénuos, es mi criterio d todos estos utópicos munditos. Peor aún si se niega la asistencia médica científica mínima. Crimen d lesa humanidad. Intentaré recuperar datos precisos del caso comentado. Saludos, estimado Jorge.

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