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Soldado chino

Bonjour tristesse. Bruma y sol tibio en la Mesopotamia. Hay palos borrachos engordando en las plazas y flores de patas de buey seduciendo a los colibríes. Sus picos puntiagudos entrando tan profundamente en las flores tienen algo de erótico.

 Afortunadamente, ya hemos sobrevivido agosto y al temperamental amor gatuno sobre los techos. Se vienen las altas temperaturas, la humedad absoluta y el cántico crepuscular de las ranas.


Hastiado del lameculismo desinformativo que practican los medios de prensa en este lado del mundo, me dediqué a hurgar en los medios asiáticos. Pasé por Al Jazeera, pero no me sedujo. Tal como sucede con los medios oficiales cubanos o venezolanos, informan mejor que otros sobre lo que pasa en el resto del mundo, pero casi nada sobre sus propias realidades.

Seguí hasta llegar a un periódico chino que publica en español. Me quedé largo rato leyendo sus artículos, sus miradas de occidente y de sí mismos, sus huelgas, divorcios, lujos, nuevos ricos y ancianos abandonados. 

Me conmovió la historia de un soldado chino, ya anciano, que rememora su vida mientras prepara su merienda. Sin pensión, sólo sobrevive gracias a su pequeño huerto de tubérculos. Su hogar es una choza de lodo contruída hace más de setenta años. Su esposa murió hace algunos años y sus dos hijas están casadas y viven lejos. Su única fuente de agua es una pequeña cisterna de dos metros de profundidad.

Originario de Jintang, en la provincia de Sichuan,  se alistó en el ejército en 1942 y fue enviado al frente de Birmania. Peleó en tres batallas contra los japoneses. En la última fue herido y enviado a un hospital del ejército de Estados Unidos. Allí aprendió algo de inglés. Cuando se recuperó no pudo encontrar a su ejército, así que volvió a su aldea natal. 

Hoy, a los 86 años, pela sus boniatos, agrega un puñado de arroz a su wok y enciende el fuego con paja de maíz. Es su única merienda del día. No puede excederse, o si no luego no tendrá nada para comer.

2 comentarios :

  1. Pobre... hay que ser un alma cándida. Me ha llegado al corazón esta historia realmente triste, amigo escritor. Lo cuentas con tanta empatía... que salen ganas de ir a buscarle para darle un abrazo

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  2. Pesar... y pesar que detrás de todo el contexto histórico, político, social y económico, las historias mínimas son las que más conmueven y cuentan sin gastarse muchas palabras. La síntesis de la vida.

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