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Escritor neurótico

Esto de encontrar espacios adecuados para escribir es uno de los mayores dolores de cabeza para los escritores que no nacimos en cuna de oro.

Es cierto que uno debe procurarse su espacio con su propio esfuerzo y en lo posible no molestar a nadie más para lograrlo, pero hay un tema anexo que tiene que ver con que quienes te acompañan se suelen sentir desplazados porque malentienden tus largos silencios elucubratorios. En cierta medida, mi afán por escribir a mi manera ya me costó mis últimas tres relaciones de pareja.

Me gusta escribir desde el amanecer hasta el mediodía, con la brisa matinal entrando por la ventana.

Luego, entre las ocho y las diez de la noche. En ocasiones, si no hace mucho frío, realizo un tercer turno creativo desde las once hasta las dos de la madrugada. En esas horas mi mente es brillante. El resto del día soy un idiota y sólo hueveo y hago lo que hay que hacer para sobrevivir (conste que mientras se huevea se sigue escribiendo, ya que es imposible deshacerse de las letras).


Me desagrada que me molesten a cada rato,  no recibo llamadas y detesto que intenten ver lo que estoy escribiendo.  Soy un neurótico en ese aspecto, pero en el resto de mi vida suelo ser silencioso, burlón y diplomático con las personas. A menos que me provoquen, lo cual no quiere decir que responderé como un energúmeno inmediatamente, pues yo soy el que decido cuando contraatacar (y por cierto que soy bastante rencoroso).

Mientras escribo me gusta beber té, café, mate con cedrón, cogñac, whisky, vino blanco, fumar un cigarro y escuchar música propiciatoria de ánimos. Los últimos días le he dado duro a Jordi Savall y sus violas. No soy alcohólico, aunque alguna vez lo fui. No me gustan las resacas y detesto a los borrachos. Pocas cosas me exasperan tanto como las cumbias villeras y los regaettones a todo volumen cerca de mi espacio personal. Me molestan las moscas, las arañas, los zancudos, los malos alientos y las manos sucias con dinero o comida. No me gusta que me fotografíen ni me entrevisten ni que me hagan preguntas íntimas, a menos que sean mis amigos. Las escasas estrevistas que acepto las respondo por escrito.

No suelo pensar en los ecos que puedan llegar a tener mis escritos. Sé que me lee y soporta gente valiosa, amigos a los que quiero y estimo mucho, y eso ya es suficiente estímulo para seguir escribiendo. Y si nadie me leyera creo que igual lo haría.  

Con mi escritura espero, entre muchas otras cosas, contribuir a causas que me parecen relevantes,como la democratización de las sociedades, la igualitarización de los derechos de las personas, la justa redistribución de la riqueza, la no violencia entre las personas, el salvataje de la naturaleza y los animales, y en fin todas esas cosas de las cuales nadie debería escindirse.

Más allá de eso sólo quiero escribir lo que se me antoje, con toda la soberbia y desvergüenza que se me venga en gana.

Y como suelo ser poco serio, no tengo problemas en dejar todo lo anterior botado si tengo frente a mí unas relucientes piernas femeninas.


Imagen: Casablanca Bound by Robin Bird.

1 comentario :

  1. No creo que ud sea neurótico, más bien creo que es un solitario que no se resigna a no tener compañía. Debería procurarse soledad y un par de noviecitas alegres que no le hagan dramas por nada. Necesariamente, conviviendo con otros tendrá que afrontar algún que otro momento ingrato o inoportuna iterrupción. Siga mi consejo, busque piernitas movedizas que vengan y se vayan oportunamente. Un abrazo.

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