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Hienas arribistas

Las hienas aparentan ser el lumpen de la sabana. Oportunistas, esconden la cola ante los leones y esperan ansiosas las salpicaduras de la sangre asesinada.

Casi finaliza el año escolar en el centro costero de Chile. La primavera se tiñe de verano y hostiga las cabezas desnudas con su sol despiadado. Los estudiantes andan tensos por las severas exigencias de sus padres, como si en cada prueba final se jugaran su futuro.

Ayer, mientras esperaba a mis hijos en el antejardín de su colegio, me quedé observando a grupos de madres reunidas en distintos rincones. Todas muy preocupadas revisando y comparando los cuadernos de sus hijos. Algunas se mostraban fastidiadas al notar ciertas palabras ausentes o notas sin excelencia, pues en lo que respecta a los deberes escolares para el hogar, son ellas mismas las que le hacen las tareas y trabajos a sus hijos, lo que pone una barrera muy alta para quienes dejamos a nuestros retoños valerse por sí mismos. Casi todas tenían la mirada prepotente y el cabello teñido de rubios opacos. Sus hijos, mientras tanto, jugueteaban sudorosos y animados en los prados con sus corbatas mal puestas y sus rodillas manchadas con el verdor del pasto húmedo.

Con premura, algunas madres anotaban la materia faltante de sus hijos y parecían intercambiarse estrategias entre ellas para asegurar el éxito académico de sus pequeñuelos.

Tras media hora se empezaron a dispersar hacia el estacionamiento para abordar sus lujosos todoterreno.

Muchos de ellos se descrestan trabajando en dos o más empleos y viven sobreendeudados con bancos y financieras para poder pagar las enormes cuotas mensuales de sus joyitas móviles. Pero la ostentación es más poderosa que el hambre.

Otros padres y madres, más morenos y aindiados, se retiran con sus hijos hacia la calle para detener un autobús o subirse al mismo colectivo que les brinda el sustento familiar. El círculo de las mujeres teñidas nunca se abre para ellos ni ellos intentan entrar al círculo. Son caminos distintos que seguirán siendo distintos, aunque los niños jueguen en las salas y pasillos del colegio casi sin reparar en las diferencias de cada uno. Afuera, los padres siempre estarán esperando para controlar con severidad que sus hijos no hagan buenas migas con alguien más pobre o más moreno o menos rico que ellos.

Mientras tanto, mi hija, malhumorada, sube el altavoz de su celular para escuchar a Lady Gaga. A ratos me tironea para que nos vayamos pronto y me hace prometerle los mil infiernos para su hermano que a lo lejos juega a la pelota todo entierrado y sin el menor interés en marcharse.

4 comentarios :

  1. La escuela es el primer lugar donde ricos y menos ricos, los blancos y rubios, y los niños de otras etnias o culturas, conviven y sufren la discriminación primera. En el sitio donde van a aprender conocimientos y normas para su desarrollo futuro, aprenden también que nacer pobre, de otro color, pertenecientes a otra cultura o diferentes, es algo que les marcará y acompañará toda su vida.
    Lo triste es que, los niños en sí, no nacen con ese condicionante, sino que son los padres los que les enseñan que ellos son diferentes, superiores a esos otros que por capricho del destino nacieron con otro color o en otro entorno.
    ¿Así como vamos a alcanzar alguna vez una sociedad más equilibrada y justa?

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  2. Totalmente de acuerdo con Chamalí. Recuerdo los primeros días en la escuela de mi sobrina, cada día que pasaba a recogerla de la escuela charlando de camino a casa te dabas cuenta que a parte de aprender a escribir y a hacer sus primeros cálculos, también tenía una nueva norma incorporada. En unos pocos meses sus preguntas y relatos se habían cargado de unas ansías de conocimiento del mundo que pocas veces tenemos el detalle de observar. Al tiempo aprendió a aspirar, envidiar, competir, celar y anhelar de un modo nuevo al que tenía en el seno del hogar.

    Ver a las madres a la salida de la escuela es una experiencia única. Las de acá no se diferencian mucho de las de allá, me refiero a esas de las escuelas privadas porque las que tienen a sus chicos en las públicas brillan por su ausencia. Tiene que caerse el techo en la cabeza de su hijo para que se digne a asistir, y se asiste a uno muy prestigiado al estilo del Nacional BA o Pellegrini tiene que haber una toma con suspensión de clases que le obligue a tener que soportarlo en su casa para acudir a presentar un reclamo.
    Los padres de hoy están ensimismados es sus propios problemas y han abandonado la formación de sus hijos a la escuela en el mejor de los casos, o a la tv. Por lo tanto las pocas veces que uno tiene la ocasión de verlas puede observar la escasa relevancia que tienen en la formación de éstos y el tipo de valores que les inculcan.
    Una pena. Alguna buena madre debe haber ¿no?

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  3. Por cierto que son experiencias contrastantes, Lorena. Por un lado hay un grupo humano que conoce bien de las estrategias de supervivencia y entrena a sus hijos desde la cuna para ganar, y en cambio los otros dejan a sus hijos "a la que te criaste" como se dice en Chile. Muchos de los del lado de los ganadores también terminan perdiendo o desviándose del camino predispuesto desde el hogar, y desde el otro lado surgen a ratos los resilientes, que vistos desde el ámbito de la sobrevivencia humana, son los más fuertes de los fuertes.

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  4. El tema que más me indigna y que veo en todos lados, es la discriminación hacia los más morenos e indios. Esa discriminación es transversal.
    Luego me surge la pregunta de siempre, ¿será un comportamiento cultural o natural? Porque si es natural, reafirma todo el aparataje ideológico darwinista visto desde el ojo de los blancos.

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