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Amante arribista

Tenía entonces 18 años y ella 32. Mariana me perseguía, me acosaba, me celaba, no me pasaba las llamadas, me manoseaba en los ascensores y me agarraba el culo en público.

El día que estuvimos juntos por primera y única vez fue en su casa desocupada. Recién le habían entregado las llaves y me invitó a inspeccionarla. Quedaba en Maipú.

Entramos. No había cortinas y aún quedaban restos de cemento y trozos de pvc esparcidos por el piso. Avanzamos hacia una habitación que no daba a ninguna ventana y ahí mismo nos desnudamos y nos frotamos hasta quedar acostados sobre la misma ropa que íbamos tirando.

Me dijo que era virgen. Era muy blanca y sus pechos eran pequeños cucuruchos terminados en pezones puntiagudos. No era nada de fea aunque tenía el culo algo fláccido. Le gustaban los roces y los besos. Se contorneaba y gemía como una cerdita. Me costó entrar y al hacerlo ella sangró. La penetré hasta el fondo durante diez o quince minutos. Le levanté las piernas y las afirmé sobre mis hombros. La sentía incómoda y menos a gusto que cuando la rozaba. Mi sexo era de seguro muy grande para ella y esas penetraciones tan profundas no conviene hacerlas la primera vez. No me agradaba su aroma. Seguramente no teníamos mucha química. Pese a ello me excitaba con facilidad. Pero en ese tiempo me excitaba hasta con el paso de una yegua en el Hipódromo. Era un explosivo semental. No acabé en ella y la dejé un rato acostada en el piso. Me vestí. Ella se veía feliz, aunque adolorida.

Su familia y ella misma eran las personas más arribistas que conocí en mi vida. Pequeñas ratas provenientes de la pobreza sancarlina, capaces de vender a su propia madre con tal de escalar, de avasallar al resto y sobretodo de aparentar una clase que no tenían. Menos mal que me salí a tiempo de su camino.

La cosa es que Mariana pareció quedar muy enamorada tras ese encuentro y no paró de llamarme a cara rato durante varios días. A mí me tenía hastiado incluso antes de ese encuentro furtivo y la evité hasta que simplemente se cansó y dejó de llamarme.

Pintura: Jules Pascin

5 comentarios :

  1. Leí tu post de la Amante Arribista dos o tres veces.

    Lo que digo a continuación en una reflexión sobre la pieza literaria, no tengo ninguna intención de juagar la veracidad de los hecho. Estás advertido.

    A muchas mujeres nos parte el alma este tipo de hombres que luego de hacerte el favorcito te desprecia. El relato te tira a la cara una cruel realidad de un begind the escene del que una no quisiera saber nunca, del mismo modo que Uds les pesa ser anoticiados que el orgasmo fue fingido cuando por adentro agradecen las exageraciones para levantar el ánimo. Muchas de nosotras nos sentimos estoquadas ante estos relatos porque no queriéndonos cedieron a la demanda sexual y encima de mala gana.
    No me espanta el relato detallado sexo a tu estilo sino la voz que lo relata con cierto desprecio y más desesperación consumadora del acto que deseo en este caso en particular. Pero es así, cuando andamos loquitas por un fulano que no nos tiene en gracia nos hará el favorcito y luego "si te he visto no me acuerdo".
    Esto que no queremos saber me ofusca y me altera, me enoja con ese protagonista. En mi caso, que tengo niveles pobrísimos de autoestima me pisotea y me acrecienta mis prejuicios sobre la forma de querer de los hombres... Tonta e ilusa me doy cuenta mientras escribo este comentario que me dejo cegar por mi visión romántica de las relaciones hombre-mujer. Acá sólo hay un "touch and go" para él que ella se negó a ver desde el principio. La actitud de la fulana debió haber sido disfrutar ese "touch" y resignarse al "go" del benefactor. Sé que cometo una injusticia en generalizar... porque íntimamente pienso "son todos iguales" pero lo hago por miedo a ser engañada y porque me resisto a esa forma de vivir el sexo... Me confundo las relaciones con afecto con las circunstanciales con gran torpeza.
    Prejuiciosa, prejuiciosa... Me reclamo al leerlo con dolor y solidaridad femenina y al personaje masculino al finalizar la lectura le digo en forma de venganza lectora: "Te jodés! Te sentís sucio porque la metiste en cualquier agujero por calentón... si la mina era una rastrera te hubieses buscado otra que te cayera mejor... Con lo que hacés y decís ¡¡el sucio sos vos!!"
    Amén del episodio de ira inicial, me gustó... Me aviva respecto de ciertas cosas que pienso de modo errado y me descubro algunos miedos creyéndo que "así piensan ellos, así son, así actúan... "La que sigue"

    Interesante!! El que sigue.. quiero leer más.

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  2. Venus y Marte en eterna disputa, querida Lorena. No defenderé gremialmente a mi género. Que cada uno responda por las ofensas infligidas.

    Tampoco me iré al otro lado. Cada género tiene sus estrategias de seducción, sus lazos, sus flores y sus trampas. No hay víctimas ni victimarios, sino una dinámica bilógico-cultural que se ha construido a lo largo de miles de años.

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  3. Luisa de Rokha25/11/11

    Esta forma de escribir, me seduce, porque en su síntesis, roza en el formato del cuento corto.
    En estilo, surge en mi memoria literaria a Kenzaburo Oé.
    No se puede, desde mi punto de vista, sumarse a un juicio moral respecto de lo que se relata. La belleza de lo que logra un escritor, es universalizar una situación, mostrándola, sencillamente.
    De ahí, a identificarse, o censurar "porque me afecta", es que estamos re mal plantados frente a una lectura.
    Qué placer me produce, observar a esta pobre y tormentosa mujer, de golpe, frente a un sujeto que lo que tiene para dar, es un buen polvo y nada más. Y no tiene más que eso. La buena cosa de todo esto, es el gusto que da leer a alguien con oficio.
    Gracias, Jorge!!!

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  4. Se agradece Luisa. A veces los recuerdos se transcriben tal como asoman.
    Un abrazo.

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  5. Hombres y mujeres, de marte o de venus, igual ambos con el Derecho de buscar, de acceder, de negar, de lidiar, de reclamar y mucho más de disfrutar, aunque luego nos deje un mal sabor ese encuentro pues hay que acudir al mismo, nos vendieron el cuento del sexo con amor y lo único que se logró fue infundir una errada idea de que solo se puede gozar del placer cuando amamos, comprometimos las emociones y el cuerpo se nos lleno de espinas... como dice Jorge, a veces los recuerdos se transcriben y pues que bueno cuando al menos dejan impresiones en nuestros sentidos, esa Amante arribista se ganó un lugar también en la historia de este hombre, algo que pocas veces se repite...

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