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Pornografía

He visto pornografía desde mis años colegiales. No tengo una respuesta certera y contundente respecto a las razones por las que los hombres consumimos pornografía. Simplemente están ahí, dándonos cada día nuevo material, prodigando a nuestra vista con escenas renovadas, posiciones gimnásticas y acaparando una industria que mueve miles de millones de dólares al año. Suelen estar controladas por mafias internacionales, cineastas fracasados,  antiguos nerd de la secundaria o por el lumpen de cada país.

Gran parte de este cine lo considero despreciable, particularmente los que utilizan objetos, animales y humillaciones hacia las mujeres. No soy de los pervertidos. Menos de los románticos. Me gustan las mujeres frágiles, ojalá orientales o latinas, sin siliconas ni metacriles ni pestañas ni dientes postizos. Suelo buscar la pornografía que más se asemeje a la cotidianeidad, escenas donde aparezcan mujeres que uno podría encontrar sin problemas en el diario trajín. No me gustan los extremos, los desafíos a la física, la ramplonería ni la violencia de ningún tipo, prefiero las posiciones tradicionales y la simple unión de dos o más cuerpos hermosos y sanos. Me gustan asimismo los ingredientes humorísticos. Tal como en el cine tradicional, valoro la naturalidad de las buenas actuaciones. Me he encontrado así con verdaderas Michelle Pfeiffer y algunos Robert Downey Jr. de la pornografía.

Cuando les digo a mis amigos que en ocasiones veo cine pornográfico por simple interés antropológico, me agarran para el hueveo. Pero hay algo de eso. Estoy seguro que el historiador Marc Ferró vio más que Ally Mcbeal y Lost para entender a la sociedad estadounidense. Son vías poco ortodoxas para conocer y entender las permanencias y cambios de las sociedades. El explorador británico Richard Francis Burton hizo algo parecido. Investigó, registró y hasta practicó las usanzas sexuales de los innumerables lugares que visitó. Estos días he vuelto a meter las narices en la Historia de la sexualidad, de Foucault. Antes ya había hurgado en Gombrowicz y Bataille. Y sumando a Henry Miller, Philip Roth y mis propias experiencias, acumulo una carpeta cultural levemente distinta a todo lo anterior. Ya escribiré sobre eso.

Hace unos días recibí de obsequio unos videos brasileños bajados de internet. Lo que vi me dejó perplejo y me hizo reflexionar sobre la decadencia a la que están llegando grandes grupos humanos. Hasta etapas muy recientes existían ciertos códigos de filmación pornográfica que nadie traspasaba, ciertos temas que eran simplemente intocables, pero ya tuve ocasión a comienzos de este año de contemplar a chinos y coreanos filmando violaciones. Lo consideré perverso, pero recordé al instante que en el inconsciente de muchos hombres este tipo de hazañas les exacerba la libido. Por eso el diario La Cuarta, el más amarillista y vendido de Chile, dedica páginas enteras a narrar los pormenores de las últimas violaciones, lo cual es el principal gancho para que hombres de todas las condiciones compren ese pasquín.

Luego de los ataques a las Torres Gemelas, circularon videos con hombres barbones cubiertos de turbantes violando anglosajonas. Fueron todo un éxito. Extrañamente hoy no se encuentra ninguno en la red. Sin embargo no era snuff, porque los expertos sabemos diferenciar una simple actuación de una escena de la vida real. Más bien provocaban risa porque parecían sketchs de revistas eróticas.

Lo que vi en el caso brasileño fueron violaciones con un grado de violencia impresionante. Negros, traficantes, guardias blancos y delincuentes comunes asaltando mansiones con cuchillos, pistolas, amarras y violando mujeres blancas con salvajismo. ¿Qué pasó con los consumidores? ¿Por qué un simple placer privado tiene que volverse una adicción en escalada? ¿Esa fue la forma de reemplazar la predilección de los hombres por las nínfulas luego que las penas se volvieron disuasivas? Me inclino a pensar que este tipo de cine avanza hacia un abismo de perversión, de la mano de una sociedad cada día más enferma. Lo paradógico es que la vanguardia de estos desquiciamientos se esté radicando en países donde las legislaciones hacen la vista gorda y donde a las mujeres se les sigue considerando como simple mercancía, objeto y propiedad.

Creo que de ahora en adelante haré mis propios videos, por lo que necesito dos musas histriónicas, desinhibidas y sin operaciones ni postizos. Yo seré un recurrente cameo que cruzará las escenas leyendo a Lawrence. Intentaré hacerle honor a lo aprendido con el maestro Tinto Brass, y sobretodo desplegaré la misma seriedad de los Hermanos Marx.

Pintura: Fernando Maldonado

5 comentarios :

  1. Que estan enfermo de la cabeza y que se desperfila la esencia de la pornografía .Mi guion porno seria lo siguiente una reina llamada Catalina la grande , con un ejercito de bellos amantes . Escena con sexo explicito y que un feo bufón este observando todo .

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  2. De puritana no tengo nada, sin embargo, no comparto para nada el gusto del cine pornográfico. Sencillamente no me gusta, no me provoca más que risa!! Las fotos de revistas estilo Playboy son estéticamente bellas y sensuales, lo que exceda eso me parece vulgar. Hoy en día no hace falta comprar una revista para ver una mujer desnuda, abundan! Escenas de sexo mejor logradas e inspiradoras las encontramos en el cine y la tv no orientada a ese género en especial... bueno, para mi gusto en particular.
    Lo que se ve reflejado en las que llamás últimas tendencias es la búsqueda de acaparar un público perverso y casi "enfermo" ... porque se le dispersaron los que tenía cuando eso era un tema prohibido... hace mucho tiempo. Los jóvenes de ahora no tienen que espiar tras las franjas negras que envuelven las publicaciones para mayores, primero porque no existen y segundo porque la desnudez está presente en la revista de chismes que compra su madre cada semana; así también podrá ver acción en las novelas de las 5 o después de medianoche ¿Alguien manda a sus hijos a dormir en los horarios que corresponden? Ni hablar del internet o de la pornografía animada -que existe hace años y no me refiero a escenas de desnudo sino a lo más perverso que la imaginación de y no se pueda actuar.
    Ante esta realidad hay que "probar" y captar un nuevo "público" ¿a cualquier precio? ¿sin ningún límite? Eso parece. Es su negocio y lo quieren salvar.
    Hace tiempo leí un informe bastante detallado alrespecto... pero me falla la memoria para citarlo y dar datos, pero apuntaba para ese lado.

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  3. Últimamente he leído varios artículos sobre la pornografía que gusta a las mujeres, es decir, a la mayoría de las que gustan de la pornografía al menos.

    Lo que les seduce es muy diferente a lo que le suele seducir a los hombres. No necesitan tanta musculatura ni gimnasia ni poses de dominación, sino ternura, algo de romance y escenas e historias más ligadas a lo cotidiano. En definitiva, hombres que aparenten entenderlas, que se tomen todo el tiempo del mundo, que privilegien el parsimonioso desenvolvimiento del ser femenino, antes que el atropello violador del macho insaciable.

    Al menos eso he entendido.

    Un cálido abrazo, querida Lorena.

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  4. Yo creo que la pornografía sirve de estímulo, para quien lo necesite. A mi no me gusta... ver una sola, es verlas todas... Repetidas escenas donde siempre la fuente del placer es la mujer sometida, la que se brinda y acepta todo. En fin, no critico a quien las ve, no soy beata, pero tampoco lo contrario. Todo debe ser en su justa medida. Buen tema Jorgito y muy bien expuesto.Gracias.

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  5. Comparto íntegramente tus confesiones.

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