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El sueño capitalista de los cubanos


Tarde en la noche encendí mi televisor en la señal estatal chilena y me quedé viendo la película cubana Habana Blues (2005), del director Benito Zambrano. Trataba sobre unos jóvenes músicos que se sentían asfixiados de su rutina y deseaban marcharse cuanto antes de la isla.

Contemplé sus vidas tranquilas, sin adornos, sin urgencias, el aire limpio de La Habana, sus calles adoquinadas, su malecón donde los jóvenes se reúnen en las tardes, vi rodar motos viejas y bicicletas de museo, microbuses sin vidrios, mujeres sonrientes, piernas mulatas, escasos gordos y toda la belleza decadentista de las mansiones antiguas.



 Ingresé con ellos a sus casas cuya ornamentación parecía sacada de mis recuerdos setenteros. Los sillones, la cocina, el televisor, la instalación eléctrica, todo era viejo pero seguía funcionando. Los jóvenes y adultos cenaban frugalmente y hablaban del anhelo de las luces del otro lado del mar. “Allí sí hay oportunidades, riqueza, libertad, allí te puedes comprar lo que quieras hermano” Luego iban a recostarse en sus viejas hamacas para seguir pensando en lo que creían estarse perdiendo por no marcharse.

Al día siguiente los niños asistían uniformaditos y disciplinados al colegio. Se mostraban entusiastas por aprender y efectivamente parecían aprender muchas cosas en cada jornada. Algo más tarde los médicos pasaban haciendo sus visitas domiciliarias, enseñando, previniendo y repartiendo medicinas mientras las mujeres mayores conversaban amigablemente a gritos.

La gente parecía mayoritariamente sana, sus pulmones limpios, sus cuerpos vigorosos, sus pensamientos en calma, los niños jugaban y bebían leche, comían pollo y vegetales, no vi drogas acechando, ni delincuentes en cada esquina, las personas leían sus periódicos en cualquier asiento callejero y los viejos recordaban aspirando sus gastadas pipas.

Entonces pensé, ¿cuál es el gran drama de los cubanos? ¿desear un sillón nuevo? ¿un automóvil 2013? ¿ganar más dinero? ¿libertad para ir dónde quieran? ¿libertad para opinar?¿para elegir nuevos peleles? ¿para llenar sus casas de bisuterías innecesarias?¿quieren simplemente que caiga la dictadura Castrista? Y si efectivamente caen los hermanos Castro, ¿qué es lo que les espera a los cubanos? ¿un Mariel invertido? ¿un gran desembarco de pequeños Berlusconis y Piñeras desde Miami, de extremistas de ultraderecha, con su cantinflerismo electoral y sus sonrisas de quirófano? ¿Un desembarco masivo de las voraces transnacionales inmobiliarias, farmacéuticas y alimenticias para que maquillen la isla con amables colores capitalistas? ¿una restauración casi inmediata del viejo orden clasista? ¿la segmentación de sus barrios, la privatización de sus servicios básicos, de sus playas, de sus colegios, universidades, hospitales, carreteras? ¿la reconversión generalizada de los desencantados revolucionarios en precarios esclavos del salario mínimo?¿desean volver a ver un recital de Juanés y Miguel Bosé pero esta vez pagando cien dólares por cada boleto?

Conocí Cuba a través de los ojos de Alejo Carpentier, de Reinaldo Arenas, de Calvert Casey, Severo Sarduy, Nicolás Guillén, Guillermo Cabrera Infante y José Lezama Lima. Ellos me radiografiaron su isla y me confirieron la posibilidad de entender su barullo vivencial y político. La historia más honesta la suelen hacer los literatos y no los historiadores, periodistas o filósofos. 

Qué decirle a los cubanos. Estoy acá, inmerso en este sistema capitalista salvaje, las tiendas están efectivamente abarrotadas de buhonerías seductoras, nuestras billeteras están obesas con tantas tarjetas de crédito, puedes comprarte una lámpara de diseño vanguardista o un enorme televisor Led en 36 cuotas llegando a pagar el triple de su precio original.

Puedes opinar lo que quieras, pero a nadie le importa tu opinión. Si te enfermas o te duele una muela, simplemente te jodes en tu dolor, porque los médicos y dentistas atienden en onerosas clínicas privadas y en el sistema público te dan una hora para dos años más tarde cuando ya no te quede ninguna muela o el cáncer te haya pateado el trasero hasta el otro mundo; dos tercios de los trabajadores del país ganan el sueldo mínimo y con sus espaldas apuntalan los privilegios del más visible tercio restante, hay cientos de miles de personas y familias que viven completamente al margen, sin ayuda estatal, ni previsión ni luz eléctrica ni agua potable ni educación ni salud, aunque férreamente controlados por la legislación penalista del Estado. Son nuestros pobres más pobres que se allegan tras las colinas o al costado de los pantanos más pútridos para sobrevivir. Millones de personas viven en los suburbios miserables, infestados con el narcotráfico, el desempleo y la violencia de todos contra todos. En este país de fulgurantes luces de neón existe de todo pero puedes comprar muy poco, debes pagar un colegio privado para que no acuchillen a tu hijo ni lo conviertan en drogadicto, debes endeudarte de por vida con los bancos para costear la carrera universitaria de tus hijos, para pagar una vivienda o un auto que nunca alcanzan a ser tuyos, debes pagar sobornos, coimas, abundantes peajes, tolerar colusiones de sobreprecios, y convivir cada día con el más despreciable clasismo que inunda hasta la más insignificante faceta de nuestra convivencia, un clasismo enfermizo en que cada persona es a la vez un despreciado y un despreciador y que va bajando como una decoloración racial, desde el más blanco al más indio, como quien se adentra a pisotones en un nauseabundo pozo séptico.


No sé qué es lo peor. Las estructuras de poder son siempre nocivas, ratoneras de corrupción, de acabronamiento. Yo preferiría acabar con ambos sistemas, con todos los sistemas, y dejar a las personas libres, absolutamente libres como siempre debieron serlo. Estoy seguro que no se dañarían unas a otras, no tendrían razón para dañarse.

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5 comentarios :

  1. Anónimo30/12/09

    Es una radiografía de nuestra sociedad, el capitalismo poco antes de descomponerse, cuando la productividad y el crecimiento han pasado a China, a lo que seguirá la banca y el poderío militar, todo es cuestión de que alguien venda los secretos militares a los chinos y no nos podremos defender ni defender nuestras bagatelas, ni nuestros programas de tv, ni nuestras mentes que serán anegadas de propaganda china, ni nada.

    Castro, uno de los mayores estrategas del XX, siempre supo que hay que balancear tres cosas: la propaganda, las opciones militares, el miedo borreguil de la gente sometida.

    Los cubanos han sido sometidos a base de palo y zanahoria, la dieta del burro, una de cal y otra de arena. Es una placentera plantación y el dueño es Castro, nuevo Hernán Cortés.

    Lo que quieren los cubanos es lo mismo que queríamos nosotros, lo mismo que quieren los adolescentes: salir de la vigilia de los padres, aventurarse en el mundo, decidir por sí mismos.

    No se les puede pedir que tengan una sabiduría de retrospectiva, que sepan lo que sabemos nosotros sobre el capitalismo.

    Cuando ellos perdieron su libertad, de salir de la isla entre otras libertades, el resto del mundo occidental atravesaba la fase esplendorosa del capitalismo: los años 60, Kennedy y su linda esposa, crecimiento económico, idealismo, el cuerpo de Paz, reconstrucción de Alemania bajo Adenauer y de Francia bajo De Gaulle, y de Italia y España y de Latinoamérica en Venezuela y Chile.

    Con esa imagen se quedaron. Ellos viven en unos extraños 60s, salpicados de los 80s (sexo libre, moda disco, Mariel) y 90s (Clinton, apertura). Un arroz con mango.

    Más de uno que llegó a Miami en los 90 está ahora arrepentido y se vuelve a su isla. Cuando yo veía programas de amas de casa (cual yo era), como ¿Quién tiene la razón? o Cristina o el de la jueza cubana Ana María(he confesado peores pecados, como sabes, Jorge) pues salía gente que espantaba a los conductores del programa al decir: "a mí no me gusta esta porquería de capitalismo de acá, esto es un engaño, yo me vuelvo a Cuba o me voy a Venezuela". Total que los mandaban a callar.

    Jorge, si quieres ver lo que escribí sobre Cuba, busca un relato mío en Letralia; se llama "La despedida de Bárbara"
    María Eugenia

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  2. Claudio Rodríguez2/2/10

    Amigo Muzam, tu crónica y las reflexiones de María Eugenia me recuerda una muletilla recurrente del ex Presidente Ricardo Lagos en sus discursos, clases magistrales y retos ciudadanos varios cuando se refería a "el Chile que queremos". Esto hace que nos preguntemos por las características de ese "Chile que queremos", sin distinciones de cuna, clase, fobias, prejuicios y cegueras de todos los que conformamos esta nación mestiza y envidiosa de América del sur. Aunque esta pregunta lleve implícito un "nosotros" que puede ser considerado una entelequia, una generalización con todos los vicios posibles, tuvo su manifestaciòn concreta en la última elección presidencial de enero 2010, donde nuestra denostada y agónica derecha política alcanzó, por primera vez desde el retorno de la democracia, un gobierno de mayoría en segunda vuelta (hazaña hasta ahora lograda sólo por la centro izquierda).
    En una conversación que tuvimos hace unos meses te mencionaba mi impresiòn de que la historia política de Chile en el siglo XX ha sido una constante lucha no por acabar con el capitalismo (nuestro karma durante decenios, convendrás conmigo), sino por atenuar sus devastadores efectos en las clases bajas y medias. Lo intentaron las sangrientas huelgas de principios de siglo de anarquistas y socialistas, Alessandri el 20, Ibáñez el 30, los gobiernos radicales, la revoluciòn democrata cristiana de Frei Montalva y la Unidad Popular de Allende. Unos con más ímpetu y arrojo que otros, pero todos advirtiendo que no podíamos ser más capitalismtas que los hermanos abusones del norte. Hasta la dictadura militar de Pinochet le dio durante un tiempo por hablar de "capitalismo popular" -ignoro si el término es obra nuestra o existe en otras partes del mundo- donde se nos intentó convencer que, al fin de los tiempos, en vez de proletarios seríamos todos propietarios, "chorreados" por la riqueza generada desde arriba.
    Los últimos veinte años de gobiernos de la Concertación retoman nuestra costumbre nacional de ponerle "aspirinas" a la brutalidad del sistema mercanchifle, diferenciándose unos mandatos de otro en cuanto a la dosis del fármaco, pero no en buscar otro remedio, tal vez más radical, tajante e incierto, como ha sido el camino tomado por países como Cuba, Venezuela y Bolivia.
    ¿Qué se viene ahora con un Presidente empresario apoyado por la "renovada" derecha pinochetista? Dado el oportunismo y las ansias de figuraciòn del nuevo mandatario, creo que continuaremos por la misma senda de mitigar los efectos que ha traído para los chilenos tanta devociòn por el mercado (que personalmente a él, por pertenecer a la casta privilegiada, le genera una pasiòn casi erótica y hasta obscena). Hay mucho fantasmas ligados al mundo social, sindical, gremial y hasta lumpen - proletariado rondando por las calles de la capital y regiones como para seguir insistiendo que la receta está en el crecimiento económico y el "chorreo" del capitalismo popular. Basta con ver a la antigua oposiciòn pidiendo ayuda a los mismos adversarios que hace unos meses querían desalojar del poder por corruptos y ladronzuelos, llamándolos ahora a conformar un gobierno de unidad nacional como si estuviesemos saliendo de una guerra civil o catastrofe de proporciones y remar todos para el mismo lado. Según lo dicho por representantes del gobierno recién electo, eso es lo que queremos los chilenos: un presidente que más que bien le vaya muy bien. Ahora, si eso se traduce en que gane más dinero del que tiene, es otro tema. Pero de que le va a ir bien, le va ir bien. Basta ver sus acciones en el mercado de capitales.
    Al resto que espere el "chorreo" del capitalismo popular.

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  3. Magnífico Jorge. Su texto no puede ser más claro. Y yo, en perfecta sentinía con lo que dice.

    Un abrazazo

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  4. Realmente bueno... porque nos ponés a reflexionar. Y cómo duele pensar... Veré si consigo comañeros de dolores a partir de tus palabras y el resto de los que comentan con tanto fundamento. La cuestión es que uds. lo hacen por sus actividades específicas, yo por masoquista.. pero cómo convencer al resto de las personas a someterse a semejante tortura gratuita cuando pueden divertirse (de tener las posibilidades) o ver cómo llegan a fin de mes. Ya sé es un pensamiento pesimista... y se me ocurren otros que ven poco viable cambiar las circunstancias actuales: presos del capitalismo y negados a movernos hacia otros rumbos porque nos aferramos a nuestros prejucios. La frase "mideo borreguil" me suena tan a pasado, presente y futuro de conducata habitual nuestras sociedades. Con el fantasma de ese miedo tan particular se oye gente defendiendo la dictadura... porque los zurdos iban a apoderarse del país!!!

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  5. Agradeciendo vuestros comentarios, no he podido dejar de reparar en las respuestas furibundas que este mismo escrito generó en la publicación estadounidense Hinpanicla. Las emociones se desataron y me vi en medio de un fuego cruzado. Falto de respeto, ignorante y desinformado fue lo más suave que me espetaron. Lo paradógico es que posteriormente oí a la propia Yoani Sánchez referirse en términos muy parecidos a esa inconducente incontinencia capitalista que arrecia en el corazón de la mayoría de los cubanos. Quizás fue por el hecho de no ser yo cubano y meterme en las patas de los caballos o lo que creo más probable, porque les toqué un Talón de Aquiles que casi nadie está dispuesto a reconocer públicamente. En el fondo todos tenemos algo de razón, a la vez que sacamos gran cantidad de conclusiones basadas en pies forzados e intereses soterrados.

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